Dos gatos sobre una rama no miran lo mismo, aunque apunten en la misma dirección.
La imagen se construye desde una quietud tensa, casi suspendida, donde la naturaleza deja de ser fondo para convertirse en escenario mental. No hay acción, pero sí expectativa. La escena parece sencilla, incluso amable, pero su verdadera operación ocurre en otro plano: el de la mediación técnica y la decisión autoral.
La fotografía parte de una toma propia y es posteriormente intervenida mediante inteligencia artificial. El gesto no busca corregir ni embellecer, sino desplazar la imagen hacia un territorio ambiguo, donde lo verosímil y lo fabricado conviven sin jerarquía clara. La rama, el follaje y la luz funcionan como elementos de estabilización visual, mientras que los animales, ligeramente estilizados, operan como figuras de atención y extrañamiento a la vez.
Me interesa aquí la idea de mirada compartida sin objeto común. Ambos cuerpos se orientan hacia un fuera de campo que nunca se revela, reforzando una narrativa incompleta, deliberadamente abierta. La IA no actúa como efecto ni como ornamento, sino como herramienta de reescritura de la escena, tensando la noción clásica de instante decisivo y desplazando la autoría hacia un proceso híbrido, consciente y mediado.
La imagen no pretende ser naturalista. Es una construcción que asume su condición postproducida, donde la fotografía deja de ser registro para convertirse en campo de negociación entre lo visto, lo intervenido y lo imaginado. En ese espacio inestable se sitúa el verdadero núcleo del trabajo.
Autor: Ángel García Fernández
Año: 2026
Método: fotografía propia intervenida digitalmente
Metodología: posproducción híbrida con inteligencia artificial
Derechos: Creative Commons, uso permitido con cita obligatoria