Oliver Laxe lleva desde los seis años deprimido. Eso, dice él mismo, es lo que lo llevó a hacer cine. Cuatro largometrajes. Cuatro premios en Cannes. Un cine que no suena a nada que hayas oído antes.
Sirāt no es solo una película, es un puente fino entre el éxtasis y la ceniza. Oliver Laxe regresa con una obra telúrica que utiliza la electrónica y el desierto para filmar lo invisible. Una crítica sobre el tránsito y la pérdida.