La arquitectura narrativa de *La ley del deseo* es simple, casi clásica: Pablo Quintero es un escritor y director gay que ama a Juan, un chico que no puede corresponder con la intensidad que Pablo desea. Cuando Juan se va al sur a trabajar, Pablo intenta olvidarlo pero conoce a Antonio, un joven de familia conservadora que cree que la homosexualidad es su único camino de libertad. El problema es que Antonio no sabe amar sin controlar. Su deseo se convierte en posesión, en amenaza de vida o muerte.
Almodóvar entiende algo que muchos cineastas no veían en 1987: que la obsesión no es un sentimiento romántico sino una patología. La pasión, dice el director, es una fuerza que no puedes controlar, que es más fuerte que tú. Antonio Banderas comunica esto con el cuerpo: la tensión de los hombros, la incapacidad de estar en reposo, la forma en que intenta poseer a Pablo con la mirada antes de poseerlo físicamente. No es un villano convencional. Es alguien que sufre mientras inflige sufrimiento.
Carmen Maura y la imposibilidad de la familia
Si el triángulo entre hombres habla del deseo, la historia de Tina habla de la imposibilidad de vivir. Tina fue un hombre que se convirtió en mujer para poder amar a su padre. Fue abandonada. Volvió a Madrid. Ahora cuida de una hija que no es suya con un amor que Almodóvar retrata sin la menor condescendencia. Carmen Maura no juega a la transexualidad como concepto. Vive a Tina como una mujer que ha sufrido demasiado y que aún así intenta amar, intenta sonreír, intenta existir.
La escena en la terraza donde Tina se ducha con la manguera, ese momento que tuvo que repetirse porque la presión del agua lanzó a Maura al suelo, es el corazón visual de la película. No hay erotismo. No hay catarsis redentora. Solo un cuerpo bajo el sol de Madrid experimentando libertad y soledad simultáneamente. Maura ganó el premio al mejor actor en los Fotogramas de Plata. Lo merecía.
La fotografía como lenguaje político
Ángel Luis Fernández, el director de fotografía, no decora espacios. Los convierte en confesiones. Trabaja con tonalidades que respiran melancolía española: reds que se desvanecen en sombra, azules que sugieren intriga, luces que comunican estado emocional antes que iluminar. El apartamento de Pablo es un espacio que define su clase, su gusto, su mundo. Cuando Antonio irrumpe en la vida de Pablo, los espacios se contraen. La iluminación se vuelve tensa. El color respira obsesión.
Esta no es cinematografía decorativa. Es lenguaje. Fernández colaboraría después con Almodóvar en otros films, pero en *La ley del deseo* hay una urgencia, una necesidad de que la imagen comunique lo que los personajes no pueden decir con palabras. La cámara los ve cuando están vulnerables. Los ilumina cuando están en tránsito emocional. El color no embellece: expone.
Los teléfonos como instrumentos de la imposibilidad
Almodóvar ha hablado siempre de su obsesión por los teléfonos. En *La ley del deseo*, el teléfono es la prótesis de un deseo que no puede consumarse. Pablo recibe llamadas. Intenta llamadas. Escucha a Juan en el auricular mientras está acostado, mientras llora, mientras intenta recomponer su deseo para ser aceptado. El teléfono amplifica la distancia. No conecta: expone la soledad de quien llama y de quien no quiere ser llamado.
Hay una escena donde la forma en que Pablo sostiene el auricular comunica más que cualquier diálogo. Es ahí donde entiendes que Almodóvar no está haciendo una película sobre homosexualidad. Está haciendo una película sobre la forma en que la pasión te desvestida, te expone ante una máquina, ante una tecnología que supuestamente te acerca pero que aquí solo amplifica lo que no puedes tener.
La música como bolero procesado
Bernardo Bonezzi, con colaboración de Almodóvar, crea una partitura que respira la España vieja pero procesada a través de la sensibilidad de alguien que se crió en La Movida. Hay melodías que suenan a bolero, a tangos melancólicos, pero el contexto las vuelve contemporáneas. La música no es irónica. Es sincera en su dolor. Eso es lo que hace a *La ley del deseo* tan peligrosa: que Almodóvar no permite la distancia irónica que otros cineastas de La Movida usaban para protegerse.
Contexto de La Movida y la revolución sexual española
Es importante entender el contexto. España había salido de una dictadura apenas una década antes. Almodóvar se había criado en La Movida madrileña, ese movimiento cultural de los años setenta y ochenta que fue acto de resistencia política y liberación sexual simultáneamente. Pero incluso en ese contexto, una película sobre un director gay, su amante, su hermana transexual y un obsesivo que mata por amor era transgresiva.
La película fue la más taquillera en España en 1987. Fue aceptada. Ganó el Teddy Award en el Festival de Berlín, el primer premio LGBT de la historia del cine. Demostró internacionalmente que el cine español podía hablar de sexualidad sin moralina, con sofisticación y belleza visual.
🟢 Lo mejor de La ley del deseo
La coherencia emocional absoluta. Almodóvar no pierde el pulso en ni un momento. Cada plano, cada diálogo, cada silencio está pensado para que sientas la obsesión desde adentro. Las actuaciones son impecables: Poncela vulnerable y desarmado, Banderas peligrosamente convincente en su desestabilidad, Maura monumental en su capacidad de transmitir una vida entera de dolor con un gesto. La cinematografía de Fernández es de una belleza que no necesita ser bella. La manera en que Almodóvar integra la historia de Tina no como subplot sino como duplicado temático del drama principal es narrativamente sofisticada. Y la valentía de mostrar la homosexualidad sin culpa, sin redención, sin apología, es política en el sentido más puro del término.
🔴 Lo peor de La ley del deseo
Hay momentos donde la película se estira demasiado, donde el tono se disuelve en diálogos que suenan más escritos que vividos. La secuencia final, el clímax del triángulo amoroso, funciona narrativamente pero la violencia emocional se juega más en la idea que en la ejecución concreta. El lenguaje corporal de esos últimos minutos podría ser más visceral. También hay cierto esquematismo en cómo se presenta la vida pasada de Tina —el incesto, el abandono— que a veces choca con la sutileza del resto de la dirección. Pero estos son problemas de una película que se atreve a tanto.
Valoración: ★★★★★★★★★☆ (9/10)
La ley del deseo es el punto de inflexión en la carrera de Almodóvar. No es su película más lograda técnicamente —llegarán *Mujeres al borde de un ataque de nervios* y *Hable con ella*—, pero es su película más confesional, la que marca el instante exacto en que un cineasta entiende que su propia obsesión es el verdadero contenido del cine que quiere hacer. Ahora, con la perspectiva de que Eusebio Poncela falleció hace apenas meses, hay algo de melancolía retrospectiva en cómo Almodóvar captura la belleza de un cuerpo joven amado, en riesgo, vulnerable. La película sigue brillando como confesión política, emocional, cinematográfica. No pierde ni un fotograma de su poder.
Ficha técnica
| Título original | La ley del deseo |
| Dirección | Pedro Almodóvar |
| Guión | Pedro Almodóvar |
| Reparto principal | Eusebio Poncela (Pablo Quintero), Carmen Maura (Tina Quintero), Antonio Banderas (Antonio Benítez), Miguel Molina (Juan Bermúdez) |
| Fotografía | Ángel Luis Fernández |
| Música | Bernardo Bonezzi, Pedro Almodóvar |
| Producción | El Deseo S.A., Lauren Films S.A. |
| Montaje | José Salcedo |
| Duración | 100 minutos |
| Estreno en España | 7 de febrero de 1987 |
| País | España |
| Género | Drama, Thriller, Melodrama |
| Premios y reconocimientos | Teddy Award (Festival de Berlín, 1987) — primer premio LGBT de la historia; Fotogramas de Plata a Mejor Película; Premio Nacional de Cinematografía (Carmen Maura); San Francisco International Gay and Lesbian Film Festival (Mejor Película); Mejor Director (Rio de Janeiro Film Festival) |