Vivir, o no

La mañana acontecida bajo los sueños
que al despertar resultaron pesadillas.
Vivir.
En la puerta se traza un camino tortuoso
que conduce al centro del matadero.
Los pensamientos todos arropados
por el calor que atraviesa la ventana
se agrupan en sectores de defensa,
una trampa al fin y al cabo,
para impedir que los pies crucen el umbral
que lleva violentamente al exterior,
al lugar donde ocurren las cosas.
Vivir.
Cuando los sueños llegan a su fin
y a su principio convertidos en día,
sólo queda la angustia y el dilema
eterno de aquel que quiere escapar
a la nada, al tedio, al vacío, a la ausencia,
a la pura rutina de falsos demonios
en los ojos adormecidos, maltratados,
a un rayo luminoso que atormenta
cuando debería de alumbrar espacios.
Vivir.
La eterna pregunta llena de respuestas
que de tantas es ninguna,
el viejo enigma irresoluble
que conduce siempre a la desolación.
El sentimiento, la duda, las pocas fuerzas
para batallar en esta guerra de espanto,
las escondidas herramientas para sobrevivir,
la mentira llena de facilidades para seguir
y la vida encogida sin saber continuar.
Vivir.
Sin embargo, y pese a todo,
he provocado la lluvia y la tormenta,
el sol salió cuando yo se lo pedí
y se ocultó cuando no podía más,
la luna me hizo un guiño sincero
y el mar acarició mi cara con ternura.
El viento borró mis huellas del camino
y el fuego devoró mis peores pesadillas.
Tan sólo la tierra bajo mis pies.
Vivir.
Ahora sólo intento saber a qué he venido,
qué hago yo en el centro de esta vivencia
cuando me siento tan fuera de todo,
qué clase de viento me ha de mover ahora
si ya me movieron todos los vientos,
en qué incipiente hoguera he de arder
cuando ya fui abrasado por miles de llamas
en los infiernos de mi propia historia.
Tan sólo mi corazón como un faro en la noche.
Vivir.
Pero hay una estrella por algúna parte
que me hace resplandecer y brillar
y que me da algo que nadie ha visto aún,
porque no sirven los ojos para ello.
A eso me confío, y ahora sé
que estamos solos porque queremos estarlo,
que el mar aguardará paciente
a que un día, sin saber acaso el proceso,
me lleve el viento para siempre.
Vivir.
Mientras tanto crearé la lluvia una vez más
y aprenderé a llorar con más fuerza,
a reir con más entusiasmo, a querer
con una pasión que no sepa de acuerdos,
a seguir las huellas y el rastro de las nubes
que atraviesan mi cabeza con confianza,
a sentir por dentro el temblor de mis latidos
y a gritar, no ya al viento, sino a todos los elementos,
que estamos vivos, increíblemente vivos.
Vivir o no vivir,
qué mínimo salto de una cosa a la otra.

6 comentarios en “Vivir, o no”

  1. Qué hermoso escrito,Angel;a veces reconocemos nuestros sentimientos en las palabras ajenas.Y eso da mucha satisfacción,de verdad.Tal vez porque es bueno sentirse como el Ave Fénix y renacer;renacer siempre…Un abrazo.

  2. Es curioso hoy me voy al mar, y me preguntaba si la casa giratoria seguiría girando, ya veo (con alegria que si) fué el primer blog que conocí, y luego te perdí de vista.
    El destino es un viaje semicircular por las estellas o no.
    Un abrazo con el macuto a cuestas.

  3. Yo creo Angel, que nuestros pensamientos toman cuerpo a través de la poesia.

    Como una voz o como un eco
    he oído tu suspiro,
    pero tú, ya no estabas allí.

    He regresado con las manos vacías
    y el corazón triste.
    Me he preguntado repetidas veces,
    dónde y por que te habrías ido,
    pero no he obtenido respuesta.

    Me he quedado solo, entre las rocas,
    mirando al mar.
    Soñando, pensando incluso en tu vuelta.
    Me he quedado solo, llorando,
    oyendo el ruido de las olas
    y el aleteo de las gaviotas.
    Me he quedado solo, como jamás creí
    que pudiera estar.

    He pasado dos noches sin apenas sentir el frío
    ni la humedad de la playa.

    Me he quedado mudo, sin sonrisa,
    Como un espectro en medio de la noche.

    ¡Y pensar que todo fue por un suspiro!…..

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *