Välkommen till Sverige

Posiblemente la primera impresión que uno tiene al aterrizar en el sur de Suecia es que ha llegado a un país eminentemente rural, grandes campiñas, granjas, todas las casas que la vista alcanza a contemplar son pequeñas viviendas, núcleos unifamiliares que rara vez llegan a formar una población y cuando llegas a una ciudad, que en este área son de pocos habitantes, sorprende igualmente que no hay, salvo excepciones, edificios de más de 3 ó 4 alturas con una gran cantidad de espacios verdes. Ciudades pensadas para las personas donde hay prioridad para ciclistas y peatones. Ciudades que, a diferencia de las nuestras, no son ruidosas; aquí la gente no vive en un permanente cabreo…

Para alguien venido del sur de Europa, incluso la luz del sol nos parece diferente. El campo acaba de liberarse del invierno y despierta a la primavera, los primeros bulbos asoman tímidamente junto a los árboles y alrededor de los múltiples lagos y arroyos que aquí existen. Todo este idílico paisaje que parece sacado de una película de Bergman aparece inmaculadamente limpio, con unos tonos peculiares, como diría, el color es intenso pero mate, sin la luminosidad que deslumbra allí en el sur pero proporciona una singular belleza a esta tierra que mira al mar convirtiéndola junto a sus frondosos bosques, en un maravilloso cuento de elfos y hadas.