Una felicidad libre de euforia

Luis Felipe Barrio y Matías Ávalos, dos excepcionales cantautores de Madrid, grabaron conjuntamente en 1999 un álbum que escondía un último tema sin título. En él recitaban una descripción de la felicidad que merece ser recordada.

Todo el mundo la busca, pero ¿qué es exactamente lo que se busca? ¿Alguien sabría definirla con exactitud?

Existe una felicidad libre de euforia, una felicidad sostenida de días que suceden sin sucederse, libres de vértigo también. Una felicidad que no atrae la atención de los dioses porque apenas es. Los que la transitan paso a paso no notan el camino. Una felicidad sin entusiasmo, sin acontecimientos. El amor, como el sol en la fronda, se difunde humildemente. Esos días el sueño significa dormir más que soñar. En sus dominios nunca hay que levantarse a medianoche para limpiar las sábanas de arena porque no ha habido playa ni combate mas sí serenidad, de otra manera. Como lo que perdura y no es inercia ni llama. No hay herida y no ciega la espada al mensajero. Últimamente pienso mucho en esto. No sé si la he tenido, no recuerdo. He encontrado dos líneas en que pido una felicidad libre de euforia. Y si no la he tenido, me pregunto por qué sé describir tan justamente ese país en el que nunca he estado.

6 comentarios en “Una felicidad libre de euforia”

  1. Yo estoy con E. Punset, la felicidad esta en el proceso en esas pequeñas cosas q decia Herman Hesse, el fijarnos grandes metas en nuestra vida nos impide percatarnos de esos fugaces instantes q dan a la vida la sal y la pimienta.
    La felicidad esta en la importancia de los detalles q es lo q nos diferencia a los ominidos de los animales, nosotros solo vemos el proyecto global y no el detalle q es lo q en realidad es los q nos hace sentirnos mas felices. La verdad es q en las escuelas deberia dar clase de “gestion emocional” igual nos iria un poco mejor, no crees?

  2. Por supuesto que así lo creo. Los detalles, las pequeñas metas, el día a día valorando más lo que se tiene que lo que se podría tener. A fín de cuentas, el tiempo es el instante y de nosotros depende hacerlo único y agradable. ¡Todo es tan relativo!
    Un abrazo, hanna.

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