Un paseo por Calblanque (y 4)

La lucha geológica del Mediterráneo con las arenas calcificadas, diseñó en la paciencia del tiempo una arquitectura natural de gran belleza repleta de vida ancestral convertida en piedra, caparazones de tortuga, fósiles de estrellas de mar, dinosaurios,… La imaginación se desborda en este lugar al observar las formas creadas con el paso de los siglos, especialmente en las zonas más cercanas a la costa. Es increíble apreciar cómo se puede unir la imaginación natural, la arena, los animales marinos y un poco de carbonato cálcico para obtener semejante resultado. Las plantas rupícolas que aquí habitan se han acostumbrado a sobrevivir a las duras condiciones derivadas de un viento cargado de partículas de sal.

Abiertos a las sorpresas que este lugar nos quiera seguir ofreciendo, encontramos los bufaderos. Hoy es fuerte el oleaje, así que estos agujeros en la duna fósil disparan agua salada en vertical, gracias a la impresionante fuerza del mar y a sus efectos en la duna fósil. Se siente el aire salado penetrar en los pulmones y la suave caricia embriagadora de la brisa en la piel.

Ya no sabemos si continuar la marcha o quedarnos aquí para siempre, aún sabiendo que eso sería materialmente imposible. Decidimos terminar la mañana en las dunas móviles de la playa, tumbando nuestros cuerpos al sol. Quizás nos hemos dormido y todo ha sido un sueño, quizás es ahora que nos adormilamos en estas mágicas arenas. El sueño es posible. Sólo hay que dejarse llevar por el embrujo de Calblanque para comprobarlo.