Todos hemos alimentado, en mayor o menor medida, al monstruo que hoy nos azota

El tiempo que vivimos abocado a la racionalidad tecnicista y cuantitativista, rechaza de manera frontal el pensamiento, la filosofía, la teoría. Es decir, rechaza todo aquello que no genera resultados cuantificables (sean beneficios económicos, sea una encuesta que simplifica lo social y se adapta bien a la lógica simplista contemporánea). La racionalidad instrumental es lo que tiene, ministros analfabetos, humanísticamente hablando, que de repente se convierten en el blanco de las iras de todos. Pero no perdamos la perspectiva. Todos hemos alimentado, en mayor o menor medida, al monstruo que hoy nos azota.

Leonarda García-Jiménez