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A pesar de que seguimos leyendo que la blogosfera está mejor que nunca, lo cierto es que ya no goza de la efervescencia que mostraba cinco años atrás. Nunca he sido muy amigo de los comentarios, ni en blogs ni en redes sociales, y no porque reniegue de la comunicación interpersonal (ni mucho menos) sino porque esa pretendida comunicación está muchas veces mediada por el interés previo en que visite algún blog o perfil en Facebook, Flickr o la red social de turno.

Por regla general, nos gusta que nos comenten aquello que transmitimos, porque imagino que muy pocos gustan de predicar en el desierto, pero cuando esa comunicación no va precedida de un interés en nuestra persona o nuestro trabajo y simplemente busca llamar nuestra atención sobre lo ajeno, algo que en principio no nos interesa, entonces molesta más que otra cosa.

En La Casa Giratoria seguiremos creando, compartiendo, comunicando, imaginando que estás al otro lado, que lees, que aceptas sugerencias, que nos sigues a pesar de la inmensurable red virtual en la que nos vamos perdiendo poco a poco. Y no es tan importante acumular comentarios como saber que esta casa recibe cada día centenares de visitas. No hay mejor regalo.