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Skrea Strand

En Skrea Strand uno alcanza la playa atravesando una suerte de casitas bajas todas ellas de madera construidas en perfecto orden, a ambos lados de un estrecho camino asfaltado que finaliza en otro mayor que discurre paralelo a la línea del litoral y que une el resto de casitas dispersas entre sí y éstas a su vez con la carretera principal que les conduce a Falkenberg, villa a la que pertenecen.

Todo el poblamiento parece estar protegido del mar por una impresionante barrera de dunas tras la cual se halla una playa de arena tostada. aquí y allá surgen impresionantes generadores de energía eólica mas ni siquiera su presencia es capaz de romper el sonido que surge de la naturaleza que nos rodea.

Cierro los ojos y regreso al tacto del viento, al olor del atardecer, a la música de la primavera, al sabor del amanecer en la casita del jardín. Al finalizar la experiencia, una alfaguara brota en ellos.

 

Tjolöholm

Te seguí a través de la niebla hasta donde el jardín se funde con los cimientos. Sonreías mientras intentabas adivinar el interior del pequeño mirador. A pesar de la lluviosa noche, los senderos que bordean el muro de piedra aparecían tan solo húmedos, en absoluto anegados como temíamos. Las primeras luces del sol empujaron la bruma permitiendo al paisaje recuperar su color, un delicado perfume comenzó a inundar el espacio entre ambos. Sentiste la ineludible necesidad de inhalar ese olor que, fundido con el dulce sentimiento, penetraba en tu interior proporcionando un aire fresco de vida.

La verde alfombra en la que nos movíamos alcanzaba con rotundidad la playa, aquella inexistente arena tostada no osaba rescatar un ápice del terreno perdido ante el contundente verde. En el centro, éste se había aliado con un sólido muro que frustraba cualquier posibilidad de cambio. Miraba absorto esa vana lucha cuando tu voz quebró el silencio mágico del diálogo con la naturaleza. Con tu sonrisa, ahuyentaste mis fantasmas, con tus ojos conseguiste quebrar la bruma y deshacer el hechizo que restaba color a Tjolöholm.

Alva

Dejaba el mar tras de sí cuando dirigió el vehículo a través de la perfecta recta pavimentada que atraviesa la exuberancia verde del cereal, sólo interrumpida por el blanco inmaculado del campanario. A medida que acortaba distancia, el edificio ganaba magnificencia y el vetusto roble desafiaba su belleza. Tomó el desvío y en pocos segundos alcanzó la verja.

Junto al camino que rodea la iglesia, a la izquierda del longevo fagáceo, una mujer permanecía impasible al devenir de la tarde. Sin duda se trataba de Novalie. Lars se acercó y la saludó con voz queda. Ella le miró y esbozó una sonrisa imposible en su rostro aún húmedo mientras su mano asía la de él con rabia contenida. Al dirigir Novalie de nuevo su mirada hacia la tierra, Lars tropezó de bruces con la realidad.

Una pequeña piedra rectangular donde se leía Alva rompía el perfecto orden del césped, alrededor unos juguetes huérfanos. Lars los limpió con pulcritud.

Tampoco pudo evitar la misma sensación de humedad que antes sintiera Novalie.

Haga Nygata

El sol calienta los oscuros canales de la ciudad, camino evitando los tramos de adoquines y mis pasos me conducen a una antigua fábrica, en torno a los edificios que la componen se abre un largo patio con una cafetería en uno de sus extremos. Entro en la semipenumbra del local y tu aroma sale a mi encuentro, el aire allí quedó impregnado por tu presencia pero ya no consigo verte ni tan siquiera entre las gentes que animadamente charlan en la terraza… ya nada me retiene en aquel lugar así que busco la salida opuesta para no perder tu rastro.

Vuelvo a la ribera del río con la esperanza que tú también sigas su curso como antaño hacíamos juntos, alcanzo a observar un grupo de turistas que en una motora sonríen como si estuviesen en una permanente fotografía pero no tu reflejo ya se perdió de las gélidas aguas del canal… recuerdo entonces cómo disfrutábamos de nuestros paseos por Haga Nygata, las interminables conversaciones en aquellas terrazas bajo el vespertino sol de primavera y el brillo de tus ojos cuando me mirabas con tímida complicidad…

Mis idas y venidas me habían llevado al Viktoriapassagen donde saboreaba un espresso en el rincón de Da Matteo donde solíamos besarnos furtivamente cuando nos resguardabamos de la lluvia, acabé rápidamente mi café y atravesando Kungsparken dirigí mis pasos hacia Hagakyrkan para alcanzar casi sin aliento el inicio de nuestra calle para, con renovado impulso, llegar al Jacob´s café y allí estabas tú, esperándome y, sonriendo, me diste la bienvenida, devolviendo la luz a Göteborg y a mí…

Halmstads tre hjärtan

Cuando Christian, rey de Dinamarca, el cuarto de ese nombre, llegó a
Halmstad con sus ingenieros para fortificar la ciudad quedó sumamente
impresionado por la belleza de aquel lugar. Siguiendo la desembocadura
del río Nissan alcanzó el antiguo castillo que dificilmente se mantenía
en pie. Resultaba urgente su reforma, las tropas suecas no tardarían en
estar listas para la guerra. Allí el rey se reunió con su séquito y,
entre la distinguida sociedad que le agasajaba, se encontraba Kirsten,
la dulce hija del duque de Halland. Las reformas del slott
marchaban a buen ritmo pero el soberano ya sólo tenía ojos para la joven
doncella, juntos contemplaban la hermosa puesta de sol sobre Kattegat y
ya el sublime lazo del amor le unía sin remedio a Kirsten.

Un
lluvioso día al inicio del otoño los ingenieros holandeses que el rey
trajo consigo le comunicaron el fin de las obras de fortificación de la
ciudad… había llegado el momento de regresar a la corte, la reina Ana
le esperaba impacente ante la inminente guerra contra Suecia pero ya no
había vuelta atrás para Christian, la hija del duque pronto daría a luz y
la ruptura con la reina era inevitable.

El rey murió defendiendo
Halland junto al lago de Vapnö y, llevado a su amada Hamstald por sus
generales, falleció en brazos de su enamorada… antes de expirar cedió
tres corazones al pendón de la villa, uno por la bella Kirsten, otro por
desear que el propio descansase allí y un tercero para la ciudad que
tanto amó… son los tres corazones que aún ondean en la ciudad de
Halmstad.

Kattegat

El sol desciende suavemente hacia el oeste mientras el coche avanza abriéndose camino entre los verdes prados. A nuestro alrededor las casas parecen estar separadas por la carretera como si de una calle se tratase, sin embargo ningún ser humano se hace visible en este paisaje, todo parece estar detenido en el tiempo, un instante polaroid. Movidos por un extraño y desconocido resorte mientras atravesamos el pueblo de Morup, desviamos nuestro automóvil en busca del mar que desde unos kilómetros atrás nos marca en la distancia el recorrido.

Según avanzamos entre granjas y veredas, la luz del océano desaparece de nuestra vista para volver justo al final de una curva, buscamos su pista en los aromas que la tarde nos acerca y finalmente conseguimos guiar nuestros sentidos hacia la inminente puesta del sol. Allí, en una perdida playa del Mar del Norte, volvemos a encontrarnos con un intenso azul oscuro cercano al negro que acariciando un costa rocosa acaba muriendo al pie de la verde campiña… mas nuestro corazón descansa con el sol y solo ansía la llegada del nuevo día en esta mágica tierra.

Välkommen till Sverige

Posiblemente la primera impresión que uno tiene al aterrizar en el sur de Suecia es que ha llegado a un país eminentemente rural, grandes campiñas, granjas, todas las casas que la vista alcanza a contemplar son pequeñas viviendas, núcleos unifamiliares que rara vez llegan a formar una población y cuando llegas a una ciudad, que en este área son de pocos habitantes, sorprende igualmente que no hay, salvo excepciones, edificios de más de 3 ó 4 alturas con una gran cantidad de espacios verdes. Ciudades pensadas para las personas donde hay prioridad para ciclistas y peatones. Ciudades que, a diferencia de las nuestras, no son ruidosas; aquí la gente no vive en un permanente cabreo…

Para alguien venido del sur de Europa, incluso la luz del sol nos parece diferente. El campo acaba de liberarse del invierno y despierta a la primavera, los primeros bulbos asoman tímidamente junto a los árboles y alrededor de los múltiples lagos y arroyos que aquí existen. Todo este idílico paisaje que parece sacado de una película de Bergman aparece inmaculadamente limpio, con unos tonos peculiares, como diría, el color es intenso pero mate, sin la luminosidad que deslumbra allí en el sur pero proporciona una singular belleza a esta tierra que mira al mar convirtiéndola junto a sus frondosos bosques, en un maravilloso cuento de elfos y hadas.