teatro

Háztelo mirar

Con una cadencia que nada tiene que ver con el frenético ritmo al que breves instantes después nos someteréis, el bajista surge de la oscuridad en que se sumerge el teatro cuando la función va a comenzar y con premeditada parsimonia retira la funda que cubre el instrumento, toma asiento, coloca con mesura sus manos sobre el bajo y comienza a arrancar las primeras notas mientras una tenue luz permite adivinar una silueta sobre el escenario dispuesto a modo de gigantesca pantalla de televisión.

Sobre el estudiado plató establecéis una antagónica relación de personajes que no solo alcanza a aquellos que consideramos principales; para uno de ellos la consecución económica es la finalidad, para el otro es el medio. Una vez más nos lleváis con vosotros, os acompañamos en la fascinante travesía que nos lleva a reencontrarnos con aquella parte de nosotros que es aún capaz de ilusionarse con lo cotidiano, de emocionarse con un amanecer. Como antes decía, en este viaje iniciático se ven involucrados también los otros personajes… Delfina acaba, como nosotros, marionetas de vuestros diálogos, rendida ante la evidencia del maravilloso descubrimiento y desea para sí esa misma gracia.

Pero, ¿dónde y cómo concluye esta aventura? Sin duda esta es una cuestión que cada uno debe descubrir por sí mismo… No os la perdáis.

Lo mejor sucede cuando te sientas

Lo mejor sucede cuando te sientas, cierras los ojos con la intención de dar forma a lo que ronda tu mente y, de una manera imperceptible, al aproximar tus manos al teclado, éstas comienzan a escribir un texto completamente diferente al que pensabas escribir, es triste pero resulta de una riqueza extraordinaria porque el resultado refleja mejor tus sentimientos. De la misma manera que las blancas luces de neón del escenario luchan por parir luz, vuestra presencia inunda la oscura estancia y de inmediato nos sentimos inmersos en vuestra particular relación teatral. Uno va repartiendo afectos y deseos según nos guiais caprichosamente ambos, es indiferente sentir compasión por ella ya que es capaz de revertir ese sentimiento en unos minutos y unas pocas frases; no sirve reprobar su criminal actitud para con ella sin que en unos breves instantes nos haga sentir todo un mar de ternura por el ser que hay bajo la bestia.

Resulta inevitable, caes rendido ante la fuerza impregnada al personaje, te dejas arrastrar hasta ese sótano para ser cómplice y partícipe de lo que allí sucede. No importa ya que, si pudieras, tu misma mano lo haría… ayudarías a liberar su alma y eres capaz de justificar la acción.

Lo mejor sucede cuando te sientas, abres bien los ojos, pones toda tu atención y, como estaba previsto, entras en el juego de forma ineludible, sutil y sin oponer resistencia porque una palabra sigue a otra, se encadenan…

Guadalupe

Un momento sublime en un lugar mágico. Los pasos se pierden entre el silencio del claustro mientras mi alma juega al escondite con la paz que esos muros desprenden y me hace sentir feliz. Unos ojos nos observan desde un ventanuco cercano a la torre y siento la más humana de las comunicaciones. Intento capturar el momento, inspirar para atrapar en mis pulmones el olor místico de esas vidas que durante siglos han alcanzado la meta de su fe.

Resulta sencillo difuminarse en ese ambiente y sólo deseas la soledad como compañera, el silencio como aliado, el espíritu como guía… sólo bajo la pertinaz lluvia puedes sentir cómo el jardín pretende invadir con su aroma los más recónditos espacios del monasterio, trato de dejarme arrastrar por la avalancha de sensaciones que parecen empujarme hacia el reposo eterno de aquellos que, ya sin remedio, pretendieron encauzar sus actos.

Anochece y busco la luz que me indica la salida hacia el bullicioso mundo exterior, incluso el entorno no es capaz de librarse del poderoso influjo de esas vetustas piedras, en un no disimulado respeto la gente espera encontrarse alejada del recinto para retomar sus preocupaciones y sus cuitas… entre ellos os vi marchar hacia el sueño… y ahora sigo vuestros pasos.