sentimientos

Haga Nygata

El sol calienta los oscuros canales de la ciudad, camino evitando los tramos de adoquines y mis pasos me conducen a una antigua fábrica, en torno a los edificios que la componen se abre un largo patio con una cafetería en uno de sus extremos. Entro en la semipenumbra del local y tu aroma sale a mi encuentro, el aire allí quedó impregnado por tu presencia pero ya no consigo verte ni tan siquiera entre las gentes que animadamente charlan en la terraza… ya nada me retiene en aquel lugar así que busco la salida opuesta para no perder tu rastro.

Vuelvo a la ribera del río con la esperanza que tú también sigas su curso como antaño hacíamos juntos, alcanzo a observar un grupo de turistas que en una motora sonríen como si estuviesen en una permanente fotografía pero no tu reflejo ya se perdió de las gélidas aguas del canal… recuerdo entonces cómo disfrutábamos de nuestros paseos por Haga Nygata, las interminables conversaciones en aquellas terrazas bajo el vespertino sol de primavera y el brillo de tus ojos cuando me mirabas con tímida complicidad…

Mis idas y venidas me habían llevado al Viktoriapassagen donde saboreaba un espresso en el rincón de Da Matteo donde solíamos besarnos furtivamente cuando nos resguardabamos de la lluvia, acabé rápidamente mi café y atravesando Kungsparken dirigí mis pasos hacia Hagakyrkan para alcanzar casi sin aliento el inicio de nuestra calle para, con renovado impulso, llegar al Jacob´s café y allí estabas tú, esperándome y, sonriendo, me diste la bienvenida, devolviendo la luz a Göteborg y a mí…

Halmstads tre hjärtan

Cuando Christian, rey de Dinamarca, el cuarto de ese nombre, llegó a
Halmstad con sus ingenieros para fortificar la ciudad quedó sumamente
impresionado por la belleza de aquel lugar. Siguiendo la desembocadura
del río Nissan alcanzó el antiguo castillo que dificilmente se mantenía
en pie. Resultaba urgente su reforma, las tropas suecas no tardarían en
estar listas para la guerra. Allí el rey se reunió con su séquito y,
entre la distinguida sociedad que le agasajaba, se encontraba Kirsten,
la dulce hija del duque de Halland. Las reformas del slott
marchaban a buen ritmo pero el soberano ya sólo tenía ojos para la joven
doncella, juntos contemplaban la hermosa puesta de sol sobre Kattegat y
ya el sublime lazo del amor le unía sin remedio a Kirsten.

Un
lluvioso día al inicio del otoño los ingenieros holandeses que el rey
trajo consigo le comunicaron el fin de las obras de fortificación de la
ciudad… había llegado el momento de regresar a la corte, la reina Ana
le esperaba impacente ante la inminente guerra contra Suecia pero ya no
había vuelta atrás para Christian, la hija del duque pronto daría a luz y
la ruptura con la reina era inevitable.

El rey murió defendiendo
Halland junto al lago de Vapnö y, llevado a su amada Hamstald por sus
generales, falleció en brazos de su enamorada… antes de expirar cedió
tres corazones al pendón de la villa, uno por la bella Kirsten, otro por
desear que el propio descansase allí y un tercero para la ciudad que
tanto amó… son los tres corazones que aún ondean en la ciudad de
Halmstad.

Kattegat

El sol desciende suavemente hacia el oeste mientras el coche avanza abriéndose camino entre los verdes prados. A nuestro alrededor las casas parecen estar separadas por la carretera como si de una calle se tratase, sin embargo ningún ser humano se hace visible en este paisaje, todo parece estar detenido en el tiempo, un instante polaroid. Movidos por un extraño y desconocido resorte mientras atravesamos el pueblo de Morup, desviamos nuestro automóvil en busca del mar que desde unos kilómetros atrás nos marca en la distancia el recorrido.

Según avanzamos entre granjas y veredas, la luz del océano desaparece de nuestra vista para volver justo al final de una curva, buscamos su pista en los aromas que la tarde nos acerca y finalmente conseguimos guiar nuestros sentidos hacia la inminente puesta del sol. Allí, en una perdida playa del Mar del Norte, volvemos a encontrarnos con un intenso azul oscuro cercano al negro que acariciando un costa rocosa acaba muriendo al pie de la verde campiña… mas nuestro corazón descansa con el sol y solo ansía la llegada del nuevo día en esta mágica tierra.

Välkommen till Sverige

Posiblemente la primera impresión que uno tiene al aterrizar en el sur de Suecia es que ha llegado a un país eminentemente rural, grandes campiñas, granjas, todas las casas que la vista alcanza a contemplar son pequeñas viviendas, núcleos unifamiliares que rara vez llegan a formar una población y cuando llegas a una ciudad, que en este área son de pocos habitantes, sorprende igualmente que no hay, salvo excepciones, edificios de más de 3 ó 4 alturas con una gran cantidad de espacios verdes. Ciudades pensadas para las personas donde hay prioridad para ciclistas y peatones. Ciudades que, a diferencia de las nuestras, no son ruidosas; aquí la gente no vive en un permanente cabreo…

Para alguien venido del sur de Europa, incluso la luz del sol nos parece diferente. El campo acaba de liberarse del invierno y despierta a la primavera, los primeros bulbos asoman tímidamente junto a los árboles y alrededor de los múltiples lagos y arroyos que aquí existen. Todo este idílico paisaje que parece sacado de una película de Bergman aparece inmaculadamente limpio, con unos tonos peculiares, como diría, el color es intenso pero mate, sin la luminosidad que deslumbra allí en el sur pero proporciona una singular belleza a esta tierra que mira al mar convirtiéndola junto a sus frondosos bosques, en un maravilloso cuento de elfos y hadas.

Mis gafas

No encuentro mis gafas, me
repetías sin dejar de agitar las manos en señal de desesperación. Te entiendo porque
soy un experto en el arte de perder gafas así que no dudé en ayudarte en la
ingrata tarea. 

Era noche cerrada cuando alcanzaste la ciudad y te dirigiste en
mi búsqueda, te hacía aún lejos por lo que tardé en preparar mi equipaje. En mi
mente se agolpaban todos aquellos poemas que susurraste cálidamente aquella
tarde de verano y la promesa, firme me asegurabas, de acudir a mi rescate,
desde entonces se habían sucedido los correos, los mensajes, las llamadas y las
noches en blanco, por eso, cuando anunciaste tu llegada no fui capaz de
reaccionar. 

De repente, todo aquello que había deseado para mi vida, cobraba
forma en ti.

Sineto

Parió luz la mañana
y de la luz surgimos los dos,
ambos, tú, yo,
de la noche desgarrada.

Tú naciste para ser sol
del universo que es mi alma,
reflejo de mi mar en calma
y de mi vida, razón.

Qué placer bucear en la mirada,
navegar en el paroxismo
por una piel siempre deseada.

No existe sima ni abismo
pues nada separa
una parte de mí mismo.

El lugar donde deseo amanecer

Mi alma, desnuda ante ti, se funde en tu deseo y alcanzas mi corazón que anhela el refugio de tus brazos, el cielo al que le transportan tus ojos, el suave tacto de tus palabras que deslizas en un quedo susurro cuando con delicado paso, restas la distancia entre ambos. Todo es luz en tu presencia, de tu mano puedo alcanzar estrellas, tú sonríes y todo resulta liviano, sólo importamos tú y yo. Sólo importa la luna cuando en la noche tú eres el corazón donde deseo amanecer.

Regreso a ti

Regreso a ti como la primavera retorna a su cita con la vida tras el gélido invierno, regreso a tu lado con la alegría de recibir los primeros rayos de sol después de la fría noche, regreso, en fin, porque sin ti mis palabras carecen de sentido, porque sin ti no hay color en mi alma. Verbo cierto y mirada nítida, nada esconde tu presencia de pulcro respeto. Odas, cantos, serenatas,… brotan por doquier cuando alcanzo tu primavera.

Mi corazón está en Japón… y en Haití

Acaba la semana y mi ánimo con ella. Ha sido terrible despertar cada día con las tristes noticias del terremoto de Japón, difícil mantener la calma y no derramar alguna lágrima al contemplar tanta desolación, tanto dolor, tanta muerte… nuestra mente enlaza con un pasado aún reciente que hemos dejado en el desván del olvido: Haití. Sin duda lo que a los japoneses les ha tocado vivir es un horror, el cataclismo producido por el seísmo será complejo de superar pero estoy convencido que el país nipón saldrá adelante con vigor. Por todo ello es importante que cuenten con nuestra solidaridad y, una vez más, que no nos olvidemos de Haití.

El origen de un verso

Sigo mis pasos que me conducen a través de la noche, me detengo y con parsimonia deshago los lazos que me separan de la cálida arena de septiembre, la noche acude a su cita cada vez más temprano, anhelando el otoño que está por llegar, la tristeza de un verano que alcanza su fin no parece conmoverla.

Sucede que la noche es mi cómplice pero sólo el estío llegó a mi corazón.

Con cuidado mi índice recorre la recóndita parte de mi piel donde guardo tu recuerdo, aún siento el terciopelo de tus labios sobre los míos mientras nuestros luceros soñaban con la eternidad del fugaz momento, y una delicada perla se desliza por mi rostro… como la noche que anduvimos por la orilla de nuestro deseo, también en la de hoy es el mar con generosa suavidad quien acaricia mis sentidos, le miro y me dejo querer.

¿Alguna vez te conté que ese azul transformado en procelosa negrura inspiró tu poema?