El delicado efluvio del papel

Suelo encontrar satisfacción en la lectura nocturna. Despedir la rutina cotidiana con una aventura, un ensayo o un poema. Una torre de literatura flanquea el espacio de nuestro abrigo y proporciona perspicaz material para un gozoso encuentro. No acierto a comprender tu renuncia al suave tacto y el delicado efluvio del papel. Sólo un minuto y regreso de Portugal con un elefante, argumento mientras intentas sin éxito que renuncie a mi voluntad infinita de viajar.

El jardín de Xuyuan

Shen es un hombre menudo, recto de espíritu y optimista. Hace unos años partió de Quanjiao hacia la vecina metrópoli de Nanjing en busca del sol pero en la gigantesca urbe los desafiantes edificios y la omnipresente contaminación no dan tregua a la luz. Shen vive una permanente existencia gris muy a su pesar.

Akame siempre ha vivido en esta ciudad. Su familia posee un pequeño negocio que regentan hace incontables generaciones. Ella es grácil y de modales pulcros, sonríe con el entusiasmo de su juventud pero hay acíbar en sus ojos.

La primavera alcanza Nanjing a través del jardín de Xuyuan, junto al lago en torno al cual todo el parque gira. Akame pasea cada tarde cerca de la orilla. En su lento deambular, su figura parece evitar el agua cuando ésta le devuelve su reflejo. Cerca de allí, el cálido movimiento de un grupo de Tai-Chi-Chuan constituye el particular indicio de que la noche se avecina. Para Shen es un momento de paz interior, sólo alterada al apercibir la presencia en la distancia de Akame. Sus miradas se cruzan con esa intención fugaz e inocente que sólo existe en antiguos relatos, originando un cataclismo en sus corazones.

Shen recoge su mochila y sorteando un arbusto que nunca antes estuvo allí, se dirige al encuentro de aquellos lánguidos ojos con la celeridad que sólo el entusiasmo proporciona. Akame, aún sonrojada, guarda discretamente su pena, y se prepara para el inminente encuentro. Cuando finalmente Shen llega a su lado, su alma ilumina el parque y, extendiendo sus brazos, le ofrece una flor de loto. Ella acepta el presente, lo toma con delicadeza mientras su corazón inicia una carrera desenfrenada contra su voluntad.

Los últimos rayos de sol sobre el lago de Xuyuan iluminan el emocionado fluido que brota desde el interior de Akame. Con quietud, Shen, aprehende su terciopelo y la conduce a través de los árboles a la tierra donde nacen las flores de loto.

Constelaciones

En el aire se adivina la noche. El silencio de la penumbra sólo es interrumpido por el pulular de nuestras palpitaciones. Bajo la ingente masa estelar uno se siente frágil. Apunto el índice hacia el infinito y juego a trazar las constelaciones. ¿Dónde está Orión?, preguntas mientras observas cómo mi dedo dibuja la silueta de la Osa Mayor. A tu espalda, contesto, abril entra en su recta final y pronto dejaremos de verla.

Un sentimiento perpetuo

Se marcha con discreción, sin queja, con sufrimiento, sin despedidas.

Subitamente toda una trabazón construida con ternura y mimo, desaparece. ¿Un delirio fugaz? En cualquier momento puede regresar, no resulta extraño, cada día es más complicado anticipar su vuelta.
Suena egoísta pero hubieras deseado que te esperase, mejor aún, embarcaros juntos en ese viaje. Hay una impronta en cada objeto de la casa, un esfuerzo en cada rincón, una ilusión en cada proyecto y ahora sólo uno podrá completar el sueño.

Ya no sirven palabras, es otra la manera para hacerte escuchar, desde la soledad se percibe mejor su presencia, desde el interior se aprecia mejor su alma.

Deja la miel de sus labios, el espíritu de su vida, deja el empeño en un mañana, un olvido para rencores, un abismo en el lecho y un sentimiento perpetuo.

Un inquebrantable escudo

Me gusta mirar con disimulo tu rostro cuando estás sumergida en la lectura. Un inquebrantable escudo te aísla de la realidad que sólo alcanza algún resquicio cuando intuyes que te observo. No seas bobo, espetas simulando un enfado, intento concentrarme. No puedo evitarlo, me defiendo, resulta delicioso ver cómo los sentimientos se reflejan en tu semblante. En un instante una minúscula almohada cambia el refugio de tu espalda por la incertidumbre de un vuelo sin destino claro.

El néctar de tus labios

Con cariñosa premura me sientas junto al hogar y me anticipas un sorbo del néctar de tus labios. ¿Te hablé de mi adicción a él?, la partida es siempre el cronómetro que marca el tiempo hasta volver a encontrarnos. Tu singular acento convierte en música cada palabra que tu boca pronuncia. He tomado prestado de tu almohada parte de tu sueño, dijiste, aquel que compartiste conmigo. ¿Eramos felices?, pregunté, no había lugar para otro deseo, contestaste con rotundidad mientras nuestras manos anulaban distancias.

Éxtasis armónico

El fulgor de las candelas rompe la penumbra que esconde el pergamino a mis extenuadas pupilas. Busco incansable una nota perdida entre fusas y corcheas. Hurgo en mi mente, que la ubicó entre violonchelos hace tan solo unos minutos, cuando el violín solista reclamaba su liderato. Una clave de sol se desliza bajo la mesa rebosante de pentagramas; con ella sueñan clarinetes, fagots y oboes. Súbitamente un fa sostenido viene al encuentro de las cuerdas a la vez que inicia su entrada el viento metal. Me sumerjo en el júbilo que dictamino con imaginaria batuta ut queant resonare al tiempo. Y en un inesperado éxtasis armónico, Terpsícore introduce la percusión al conjunto en una apoteosis laxis fibris.

Los pétalos de las amapolas

El roce del aire en los pétalos de las amapolas me devuelve a la realidad. Ensimismado en la bella postal de un antiguo faro cuya linterna guió nuestro rumbo, no acierto a calzarme. La improvisada almohada de hierba presta el impulso que necesito y alcanzo el camino que con apasionado brío inicié . Un delicioso ramillete de sutiles deseos acompaña mi regreso. Tan frágil que precisa cuidados, tan sólido que nada quiebra su raíz.

El sabor del silencio

No necesito excusas para despojarme de tejidos y sentir cómo vibra la
naturaleza. Prefiero saborear el silencio al falso mutismo del asfalto.
La primavera ha devuelto el color que el invierno le sustrajo. El roce de
mis pasos genera música y el agua del arroyo acaricia mi piel. Cierro
los ojos y ahí estás tú, siempre has estado, observando, sonriendo,
amando.

Una luz vespertina

Nuestra casa se oculta entre los árboles que salpican la llanura y en ella escondes el corazón. Un atisbo de luz vespertina aparece en tu sonrisa cuando anticipas mi regreso. Detengo mi paso en una curva próxima al arroyo, quiero tomar un sorbo de silencio y saciar mi sed de paz. Desde la distancia el perfume de tu amor me obsequia una bienvenida.