prosa

La primavera migratoria

El aire de la ciudad se caldea con el paso de los días. La primavera apenas parece haber sobrevolado las calles y, cual ave migratoria, se ha marchado rauda a tierras más templadas, al norte de mis sueños.

Asumo con paciencia y perseverancia el proceso de cambio; tiempo, espacio, vida, corazón. Nada me detiene una vez adentrado en el camino directo a la meta programada. No es la mística alineación de los planetas la que me guía, aunque bien lo parece. Es mi decisión, son mis actos secuenciados conscientemente los que provocan que la vida suceda.

La primavera ha provocado la floración. Yo me ocupo del resto, sin que la bonanza del verano alivie mi deseo desbocado de ser feliz. Porque se puede ser feliz en esta vida.

La dictadura de la falsa felicidad

Me ronda la idea de la negatividad en contraposición con lo que denominamos “búsqueda de la felicidad”, en un sentido positivo. Desde que empezamos a tener uso de nuestra consciencia, en nuestra más tierna infancia, somos sometidos a un proceso de búsqueda y anhelo de lo que nos hace sonreír y nos provoca bienestar. Tanto es así que acaba convirtiéndose en motivo y meta vital, siendo despreciado todo cuanto nos aleje de nuestro propósito. Palabras como placer, satisfacción, acción o alegría caen sobre nosotros como losas insalvables, necesarias según nos han contado. Y no es que debamos renunciar a ellas, no es eso lo que quiero transmitir. De hecho, despreciarlas implicaría caer a ojos del mundo en un proceso de abatimiento que necesita ser solucionado a toda costa.

Vivimos ya en lo que nuestros padres denominaron “futuro”, donde todo el mundo tiene la obligación de sonreír, no ya en los medios de comunicación que nos bombardean con ello a todas horas, sino también en nuestras relaciones laborales y sociales, en nuestra vida privada. Sonríe, es gratis; sonríe, aunque no te apetezca, para que no nos preocupemos por ti, sonríe.

La dictadura de la falsa felicidad que sufrimos no tiene precedentes en la historia de la humanidad. Han borrado la belleza que en extintas civilizaciones se otorgaba a otros sentimientos, como la griega “melankholia”, también humanos y lícitos, que partían del lado negativo de las cosas.

Ambos puntos, positivo y negativo, se necesitan mutuamente en igualdad de condiciones para ser posibles. Si no es así, el desequilibrio emocional está servido y queda abierta la caja de los truenos en nuestro interior, con resultados impredecibles.

Reivindico el derecho a la negatividad, porque el otro, el derecho a la positividad, no necesita de reivindicaciones. Pero cuidado, porque esa falsa alegría que nos permiten, nos muestran y nos exigen no es más que una sombra, una falsa ilusión. No es posible que sea cierta si no alberga detrás una consciencia negativa de ella, al igual que no es posible el día sin la noche. Si pudieran también borrarían la noche, pero no pueden. Las personas somos más manejables que las leyes del universo.

Acantilado

Quería ir a la playa y he aparecido al borde de un acantilado. Mar a la derecha, a la izquierda y al frente. El sol ya no molesta, se funde en la eterna montaña, vieja conocedora de todas las presencias que aquí habitan.

Hay ondulaciones líquidas, cálidas rocas, aires que son más que eso: suaves caricias en la cara. Todo en su sitio cumple su función, se sabe, se conoce bien y, todo en su sitio, se entrega a la más salvaje de las armonías.

Las ondulaciones sobre el mar prosiguen su insolente curso, sin preguntar, indiferentes a todo; y la roca las recibe abiertamente, también con cierta indiferencia, pero constante en su tarea. Esta relación que no partió nunca de contrato alguno está llamada a ser eterna; y yo aquí, percibiendo su desinterés por mí, sintiendo su envolvente arrullo, integrado, feliz porque este mar y estas rocas me reciben en su mundo sin pedirme nada a cambio.

En el fondo del mar

Trabajabas en la biblioteca cuando yo era aún un joven tímido y poco decidido a desvelarte la profunda admiración que tu presencia me despertaba. Cuando por azar, o habría que decir broma de mal gusto del destino, nos encontramos casi quince años después no nos lo podíamos creer, pero allí estábamos frente a frente, hablando de nuevo y dispuestos a no dejar pasar una inesperada segunda oportunidad que la vida nos estaba brindando.

Todo lo que dijiste, todo lo que expresé, todo volverá a quedar dormido en el fondo del mar. Los trenes sólo pasan una vez en la vida, pero el destino quiso darnos una segunda oportunidad enviando el mismo tren a las puertas de nuestra posibilidad.

Ahora me alegro de que lo hayas perdido por segunda vez.

Motivos para escribir

Siempre quise escribir un diario, el típico diario personal donde alguien escribe sobre sí mismo sin pudor ni omisiones. El temor a que este cuaderno fuese encontrado y leído por alguien, sin yo saberlo, me hizo desistir de cada una de mis intenciones para llevarlo a cabo. Sin embargo hay otras vías para poder escribir. Un diario es cuestión de empezar y no parar, sin pensar en nada más. Así que allá voy.

No me acuerdo de mi pasado, soy amnésico, y por eso tengo la imperiosa necesidad de reflejar aquí todo cuanto ocurre en mi mundo para que quede constancia antes de que lo olvide.

Este es mi cuaderno público, para todos aquellos que gusten de inmiscuirse en las vidas de los demás y para mí mismo, por supuesto. Supero el temor a que este cuaderno sea encontrado de una forma tan fácil como efectiva: publicándolo. Así no hay temor, porque ya sé que siempre habrá alguien que leerá todo cuanto quede aquí reflejado.

Un solo pero: sigo teniendo debilidad por el cuaderno en papel, el tacto de sus hojas, el leve sonido del lápiz deslizándose, y siempre habrá páginas escritas únicamente para ser guardadas, a modo de catarsis. Nadie es perfecto. Además, ¿cómo expresar con palabras aquello que únicamente se puede apreciar con los sentidos? El intento de hacerlo queda guardado en las entrañas de mi libro de almohada.

Melankholia

En el límite entre la tristeza y la melancolía, sin posible decantamiento, feliz es lo más parecido. Sin ataduras y lleno de alas, siempre con el alma puesta en aquello que, ya tamizado, se esconde: la búsqueda constante y eterna de aquello que no se ha de encontrar jamás, para poder así rozar ese símil, el borde de la melancolía, el más perfecto estado al que nunca llegué.

Tender a la tristeza con morriña, con añoranza de lo no hallable, con nostalgia de lo nunca vivido; vaga tristeza con profundidad, permanencia y sosiego. Será el comienzo de una psicosis maníaco-depresiva a la que no llegaré nunca; será la griega “melankholia”, la bilis negra; será ternura por todo aquel que no dejó nunca de buscar sobre terrenos baldíos; o quizás, que voy muriendo con cada pérdida y los ojos buscan inquietos aquello que llene el vacío. Eu tenho saudade, só saudade, apenas…

Hoja en blanco

Ilustración
Apenas queda la intención de continuar sin desfallecer, sin morir en la farsa teatral; sólo un giro, una vuelta al mundo concebido que se desploma sobre nosotros y nadie hace nada, nadie siente; sólo un giro necesitamos, sólo una vuelta de tuerca más o una vuelta de rosca menos como argumento relativo a las ocultas súplicas de consciencia que nos hacemos sin querer, o sin darnos cuenta, o pensando que hacemos otras cosas más importantes, o creyéndonos felices, o infelices; basta, no va más, ¿qué más da? Es el absurdo, mi amor, el más absoluto y pleno absurdo construido desde nuestra más tierna infancia de scalextric y tren eléctrico, muñecos de colores con trajes brillantes, objetos que nos enseñaban a ser adultos, nunca a descubrirnos limpios como hoja en blanco.

El mundo virtual

Inesperadamente, un encierro. El mundo artificial dispuesto a tornarse real. Todo el caos acumulado durante años pide a gritos un descanso, una reordenación que puede ser posible con la intervención de la creatividad más absoluta, aquella que ha de ser responsable de la construcción, una vez derrumbados hasta sus cimientos todos los días de todas tus vidas. Imagina todas estas paredes vacías que te rodean, despojadas de todo lo superfluo e innecesario que hasta ahora pendió de ellas. Lo único invariable ha sido tu silueta, deambulando a lo largo y ancho de unos pocos metros que te suplican atención. Microcosmos. Desaparece sospechosamente un miedo al tiempo pasado, presente, futuro, que corta de raíz toda posibilidad de transformación y, con ello, toda esperanza de creación.

Soledad: esa es la palabra, la meta, el deseo, la intención de superar el miedo a ella. Soledad elegida como opción, en ningún caso impuesta si no se quiere que sea así. Conoce tu soledad, una de las pocas cosas que todos tenemos y que nos son más propias; el miedo más profundo, dueño de todos los actos, verdugo de la acción. La virtualidad de tu nuevo mundo ha de convertirla en principio motor de una nueva creación, cuya fertilidad crecerá proporcionalmente a ella.

Bienvenida a la casa giratoria

Bienvenida a la casa giratoria. Di adiós al mundo social que dejas atrás, olvídate de tu monótono trabajo, de tu agotador papel de madre, hija, hermana, y no sólo hablo de tu familia, sino del papel que desempeñas con cada una de las personas, a las que no dudarías en incluir en la lista de gentes que pueblan tu vida, y que ahora te prestas rauda a dejar atrás.

Cierra la puerta tras de ti, echa el pestillo y pasa. Puedes ir eligiendo los rincones en los que te abandonarás a un tiempo detenido y generoso.

Despójate de tus miedos y tus trajes. La sociedad está fuera y cerraste la puerta. No hay nada de qué preocuparse. Relájate y ponte cómoda. Aquí no hay nadie más que tú; sólo yo.