poesía

El resto de tu vida

No tengo tu rostro
no tengo tu risa
tu calma, tu prisa
preciados tesoros
ahora sin vida
ahogados en rutinas
inventadas por nosotros
qué paraíso no daría
por el resto de tu vida
enjuagar de lágrimas tus ojos
y dibujar precoces sonrisas
tras la amarga despedida
sentimiento ignoto
de asaz melancolía
turba el alma mía
y conduce a mi abandono
desde tu partida
sueño tu misiva
sólo deseo tu retorno

El árbol de la vida

Cuando las luces se apagan, una luz mística conduce al espectador a través de las palabras y los silencios; le transporta de la eclosión de la luz al devenir de la oscuridad, combinando magistralmente una sucesión de imágenes y los fundidos en negro…

El árbol de la vida es tanto un viaje evolutivo como espiritual, la eterna búsqueda de nuestro origen y de nuestro destino, conducidos por los ojos y el corazón de un niño. No condiciona, sugiere, y lo consigue hasta un punto en que no puedes mantener templanza. Te introduces en ese particular diálogo que se establece con uno mismo y con los otros, para concluir que sólo amando se alcanza la felicidad.

La película de Malick es, en definitiva, un espectáculo visual, sonoro y lingüístico que te induce a participar en él.

Silencio de amor

Un padre viudo que no ha superado la muerte de su mujer, no ha elaborado su duelo y de una forma inconsciente aborta cualquier posibilidad de nueva relación, además de expiar un subjetivo sentimiento de culpa en la loable tarea de acompañar con la lectura a los enfermos de un hospital. Una adolescente inteligente en un cuerpo de niña que comienza a reclamar que se le trate como a un adulto. Un ácrata enclaustrado en un mundo paralelo y volcado en la carrera por cambiar el sistema. Una hija y su madre distanciadas por incompatibilidades solucionables por el amor que se profesan y que nunca se han confesado.

Ciertamente se trata de personajes quizás demasiado arquetípicos pero tratados de una forma exquisita con un acompañamiento literario y musical no exento de espiritualidad, que arropa en todo momento su particular devenir en la historia que se relata y cuyo fin nos anticipa cuando Alessandro lee una parte del precioso poema que da título a la película.

Posiblemente su final sea previsible pero no por ello menos hermoso. Si además tenemos en cuenta el panorama cinematográfico actual (al menos en provincias) resulta muy estimulante disfrutar de relatos como éste.

T’amai di quannu stavi dintra la naca,
T’addivai ducizza a muddichi a muddichi,
Silenziu d’amuri ca camini ‘ntra li vini,
Nun è pussibili staccarimi di tia.

Nun chianciti no, albiri d’alivi,
Amuri e beni vengunu di luntanu,
Dilizia amata mia, sciatu di l’arma mia,
Dammi lu cori ca ti dugnu la vita.

Vacanti senza culura tengu lu senzu ,
Quanno ‘na mamma si scorda a so figghiu,
Tannu mi scordu d’amari a tia,
Ti vogghu bbene picciridda mia.

Vulati acidduzzi iti ni ll’amata,
Cantantici mentri nc’è morte e vita,
Comu tuttu lu munnu esti la campagna,
Tu sì a Riggina e ju Re di Spagna.

(Alfio Antico, Silenzio d’amuri)

Casi una oda

Reflejos estoicos
conjugados entre surcos
y antiguos vestigios
grabados con tenaz sufrimiento
otrora dominante en tu historia
son ahora luminiscentes candelas
que nuevo amanecer
brindan a tu encuentro
cándido refugio de pueril inocencia
alma que desconoce mancilla
un mar de sueños te espera
despliega velas al viento
parte con premura
sin miedo al horizonte
alcanza el ansiado paraíso
destino casi olvidado
allá donde eterna ventura
surque benévola tu rostro.

Luz y Mar

Un beso siembra
jubilosa y ansiada primavera
y florece en el corazón
como campo fértil de vida
donde parir desea alegría.
Vientos hipérboles,
portadores de vigoroso fluido,
alimentan una recóndita gloria,
armonía luminosa
que brotar espera
del aliento, gozo sincero;
del vientre, océano sereno.
Tras de ti, Mar en calma,
Luz regocija al universo.

El ojo del ángel

Fue una tarde de largos paseos por la orilla del Mar Menor. La puesta de sol, las luces del crepúsculo, los reflejos en el agua y la predisposición de la compañía a dejarse fotografiar con entusiasmo hicieron posible el resto.

El texto vino después, cuando uno de los protagonistas de la foto me hizo llegar este poema suyo acerca de la fotografía.

Dentro del mar,
dos sombras paralelas
caminan al atardecer.
Buscan en el fuego
un azul inquebrantable.
Sus pasos detenidos
por el ojo de un ángel.
Pulsando el caminar,
la melodía de la llama,
espejo que disecciona
la pupila en embeleso.
El mar abre las alas,
el vals debe continuar.

Sineto

Parió luz la mañana
y de la luz surgimos los dos,
ambos, tú, yo,
de la noche desgarrada.

Tú naciste para ser sol
del universo que es mi alma,
reflejo de mi mar en calma
y de mi vida, razón.

Qué placer bucear en la mirada,
navegar en el paroxismo
por una piel siempre deseada.

No existe sima ni abismo
pues nada separa
una parte de mí mismo.