pintura

Caronte atravesando la laguna Estigia (Joachim Patinir, ca. 1520-24)

 

Caronte atravesando la laguna Estigia (Joachim Patinir, ca. 1520-24)
Caronte atravesando la laguna Estigia (Joachim Patinir, ca. 1520-24)

Joaquim Patinir
Caronte atravesando la laguna Estigia, ca. 1520-24
Óleo sobre tabla, 64 x 103 cm.
Madrid, Museo Nacional del Prado

Esta pintura de Patinir destaca por su originalidad y su composición, distinta a la habitual, formada por planos paralelos escalonados. Favorecido por el formato apaisado de la tabla, el autor divide verticalmente el espacio en tres zonas, una a cada lado del ancho río, en el que Caronte navega en su barca con un alma. Tomando como fuente de inspiración las representaciones anteriores del Paraíso o del Purgatorio del Bosco, decisivas en su proceso y creación final, Patinir reúne en una única composición imágenes bíblicas junto a otras del mundo grecorromano. El ángel situado en un promontorio, los otros dos, no lejos de éste, que acompañan a las almas, y algunos más, junto con otras almas minúsculas, al fondo, permiten conocer a la izquierda el Paraíso cristiano. Por el contrario, el Cancerbero parece identificar el Infierno representado a la derecha con Hades, asociándolo con la mitología griega, lo mismo que Caronte con su barca. Patinir sitúa la escena en el momento en que Caronte ha llegado al lugar en que se abre un canal a cada lado de la Estigia, momento de la decisión final, cuando el alma a la que conduce tiene que optar por uno de los dos caminos. Debe conocer la diferencia entre el camino difícil, señalado por el ángel desde el promontorio, que lleva a la salvación, al Paraíso, y el fácil, con prados y árboles frutales a la orilla, que se estrecha al pasar la curvatura oculta por los árboles y conduce directamente a la condenación, al Infierno. El modo en que Patinir representa el alma, de estricto perfil, con el rostro y el cuerpo girado en dirección al camino fácil, que lleva a la perdición, confirma que ya ha hecho su elección y que esa es la vía que va a seguir. A fines de la Edad Media existía toda una serie de metáforas para expresar esta idea, tanto bíblica como clásica. De todas ellas, Patinir parece haberse inspirado en el Evangelio de San Mateo. No hay duda de que refleja en esta obra el pesimismo de una época tan turbulenta como la que le tocó vivir, en plena Reforma protestante. Al llevar a cabo esta obra, Patinir la convierte en un «memento mori», en un recordatorio, a quien la contemple, para que quede avisado de que es preciso prepararse para este momento e, imitando a Cristo, seguir el camino difícil, sin hacer caso de los falsos paraísos y tentaciones engañosas.

Texto extraído de Silva Maroto, P. (2007) en: Patinir. Madrid: Museo Nacional del Prado. pp. 150-163

Numbers in Color (Jasper Johns, 1958-1959)

Pintura
Numbers in Color (Jasper Johns, 1958-1959)

Acrílico (encáustica) y papel de periódico sobre tela
168,9 x 125,7 cm.
Albright Knox Art Gallery, Buffalo

Jasper Johns llevó a su extremo los juegos del alfabeto al componer con él el mural de la biblioteca de Filadelfia. Era como decir, todos aquellos saberes reposaban sobre la combinación de aquel sistema básico de signos (se refería, naturalmente, a las letras del abecedario). El antiguo invento fenicio ya era la medida del mundo.

Francisco Jarauta (2004). Escritura suspendida, en las pinturas y esculturas de Alberto Corazón. Madrid: Fundación Germán Sánchez Ruipérez

Art (Roy Lichtenstein, 1962)

Pintura
Roy Lichtenstein: Art, 1962

Óleo sobre tela, 91,4 x 172.7 cm.

La pintura Art era un gran cuadro para ser colgado en la pared, una prueba positiva de que el propietario era en realidad un coleccionista, una persona de la cultura. ¿Dónde está la prueba de que el arte se había convertido en una mercancía si no en ser un símbolo de la clase coleccionista, una relación de amor incestuoso cargado de implicaciones estéticas y metafísicas? Como institución, el arte merece ser puesto en contacto con la realidad en forma de cultura popular.