música

Magic

Si preguntáis por mí me encontraréis aquí,
disfrutando del tiempo que me queda por vivir.
Siempre procuré beber la vida intensamente,
disfrutando cada trago que me queda por vivir.

Respiré la vida como nadie más,
aprovechando el tiempo que me queda por vivir,
que lo mejor de nuestra vida aún está por ocurrir.

Todo el amor del mundo
lo derrocharemos tú y yo,
cada segundo del tiempo que nos queda por vivir,
que lo mejor de nuestra vida aún está por ocurrir.

Tarantella

Hay una casita en Tarento, junto al puerto, una pequeña construcción en adobe y ladrillo, encalada una y mil veces en un vano intento de reinventarla cada vez que cambia de manos. En la fachada que enfrenta al mar hay una ventana cuyos vanos y persianas sufren el inmisericorde sol mediterráneo. Toda casa que se precie posee una historia que va ligada a ella, unas veces con luz, otras con sombras pero siempre particular y genuina.

Giuseppe la construyó con sus propias manos, como casi todos los tarentinos, vivía de lo que el mar surtía, así que tiró el pequeño cobertizo que su abuelo le dejó y la alzó cuando desposó a María, la flor que convirtió en oasis su desierto, como solía llamarla. Solía permanecer en la ventana al alba mientras el barco de Giuseppe entraba a puerto. Él hacía sonar la sirena tan pronto divisaba el resplandor de su mirada.

Hay hábitos que no por mucho repetirlos se convierten en rutina; aquella imagen en la ventana, aún siendo frecuente, no dejaba de ser un motivo de gozo, la razón de un aliento, el motor de su vida. Cuando las luces de Tarento se dibujaban en el horizonte, sobre el monótono chapoteo del agua sobre el casco de la nave, se elevaba la voz de Giuseppe cuyo torrente no cesaba hasta divisar la sonrisa de su amada en la ventana.

Tanto amor cabía en su cantar, tanta luz rebosaban sus notas y tanta felicidad procuraban a quienes las escuchaban que aún hoy los tarentinos cortejan a la persona amada con él.

Silencio de amor

Un padre viudo que no ha superado la muerte de su mujer, no ha elaborado su duelo y de una forma inconsciente aborta cualquier posibilidad de nueva relación, además de expiar un subjetivo sentimiento de culpa en la loable tarea de acompañar con la lectura a los enfermos de un hospital. Una adolescente inteligente en un cuerpo de niña que comienza a reclamar que se le trate como a un adulto. Un ácrata enclaustrado en un mundo paralelo y volcado en la carrera por cambiar el sistema. Una hija y su madre distanciadas por incompatibilidades solucionables por el amor que se profesan y que nunca se han confesado.

Ciertamente se trata de personajes quizás demasiado arquetípicos pero tratados de una forma exquisita con un acompañamiento literario y musical no exento de espiritualidad, que arropa en todo momento su particular devenir en la historia que se relata y cuyo fin nos anticipa cuando Alessandro lee una parte del precioso poema que da título a la película.

Posiblemente su final sea previsible pero no por ello menos hermoso. Si además tenemos en cuenta el panorama cinematográfico actual (al menos en provincias) resulta muy estimulante disfrutar de relatos como éste.

T’amai di quannu stavi dintra la naca,
T’addivai ducizza a muddichi a muddichi,
Silenziu d’amuri ca camini ‘ntra li vini,
Nun è pussibili staccarimi di tia.

Nun chianciti no, albiri d’alivi,
Amuri e beni vengunu di luntanu,
Dilizia amata mia, sciatu di l’arma mia,
Dammi lu cori ca ti dugnu la vita.

Vacanti senza culura tengu lu senzu ,
Quanno ‘na mamma si scorda a so figghiu,
Tannu mi scordu d’amari a tia,
Ti vogghu bbene picciridda mia.

Vulati acidduzzi iti ni ll’amata,
Cantantici mentri nc’è morte e vita,
Comu tuttu lu munnu esti la campagna,
Tu sì a Riggina e ju Re di Spagna.

(Alfio Antico, Silenzio d’amuri)

Che gelida manina

Una vez concluido el relato anterior con la soberbia aria Che gelida manina, perteneciente a la fantástica ópera de Puccini “La Bohème“, basada en el libro de Henri Murger de título Scènes de la vie de Bohème, uno queda con la sensación de que la obra tiene sentido cuando puedes entender lo recitado y ver a los personajes.

Unas pinceladas acerca del contexto: la historia inicia en París. Allí, cuatro amigos bohemios, Colline, Schaunard, Marcello y Rodolfo, comparten una buhardilla que a duras penas consiguen pagar. En el primer acto, Colline, Marcello y Schaunard se disponen a disfrutar de un dinero que este último acaba de conseguir. Rodolfo, sin embargo, decide quedarse. Una vez solo, alguien llama a la puerta. Se trata de Mimi, una joven costurera que habita en la misma pensión, que le pide ayuda para encender su vela. Segundos después, ella vuelve porque ha olvidado su llave. En ese momento, ambas velas se apagan por lo que deben buscarla a oscuras, situación que facilita el acercamiento de la mano de él con la de ella, encuentro propiciado por Rodolfo quien, a estas alturas, ya se ha enamorado de Mimi.

He traído la versión de Roberto Alagna que, en mi opinión es muy buena. Ojalá la disfrutéis tanto como yo y espero que os lleve a escuchar la respuesta de ella: Si, mi chiamano Mimi.

El canto de la aurora

Auroros

Desde hace siglos, en diferentes pueblos de la Región de Murcia, el amanecer se adviene sobre la tierra mecido por la música. El canto de los hombres se mezcla con el azahar. Se llaman auroros. En diferentes fechas del año, caminan con una vieja campana de mano y un farol. Aún al alba, se reúnen frente a la puerta de la iglesia y, tras un Ave María compartido con la escarcha, levantan salves por el aire.

Cantan mientras amanece. Y rezan, de casa en casa, por las sendas de la huerta; acequias, carriles, bancales, limoneros, apenas iluminados por un farol que poco a poco, va aminorando su potencia, cediendo ante la presencia inminente del sol. Y su voz. Y la luz…

Así amanecía en la huerta. Así, a veces, deberíamos recordarlo.

El siguiente poema ha sido escrito por el hijo del hijo de uno de esos hombres, testigo partícipe, él también, de aquel ritual en sus años mozos: las despiertas, inmenso caudal rítmico y melódico, telúrico y luminoso, recibido desde las gargantas entre la penumbra de los huertos. Vertido en su propio destino, ofrece su palabra en homenaje, donada la voz a la tierra en que le parieron, amasada desde el amanecer por un canto.

AUGURIOS

Tres golpes
De madera

Ave María Purísima

Uno
Tras
Otro

No ha muerto el alba

Secos
Duros

Contra la puerta de la iglesia

Dios te salve
Dedos en cruz
Sobre la frente

Ave maría
Ave purísima

Silencio
Cántico
Amanece

Rezuman las gargantas oxidadas
Proclaman sobre el vaho su relieve
Incitan al aroma del rocío
Cumplida su misión desvanecerse
Haciendo canto al caminar
Rezando entre el azahar de los naranjos
Evanescente la luna
Destila su mosto despacio

“Dios te salve virgen pulcra
Emperatriz de la aurora”

Una plegaria deslumbra
A esos hombres que te honran

Ave María
¿Se canta o se reza?

Se reza,
Se canta
Se vive,
Se vela…

Quema el aire y sangra hielo
Derritiéndose la escarcha
Canto de paso firme

Luto
Farol
Campana

La oscuridad en declive

Azahares
Brisas
Calma

Ave María
– Silencio…

Concebida sin pecado
Con saliva sin recaudo
Queda un eco tras el alba
Ha comenzado a tañer
Lento, húmedo el azarbe
Inmarchitable del alma.
Siglos por siglos
Amén

Dios guarde desde su herrumbre
El dolor de las campanas.

Texto del post y fragmentos del poemario “Auroras”:
Pedro J. G. Gambín

Todo se ha vuelto una aplicación

Todo se ha vuelto una aplicación, todo se disipa y se evapora y se esfuma por extrañas alcantarillas de la mente, hay pájaros que vuelan al anochecer pero una sabiduría ya no existe o tiende a mantenerse al borde en el alambre, y los últimos enigmas están muy lejos, a años luz. Es posible que la tecnología sea suficiente, y a nadie le importe de verdad lo que se escucha, porque dos segundos es ya una eternidad para mantener la atención. A quién le importa, los de la fila ocho están en el bar con su cerveza negra en la mano y algo más fuerte dos horas después, tal vez un pisco sour. Los músicos callejeros despejan la calle para que la música tenga cabida, y dentro la gente suena, suena a su manera. Ocio y negocio. No va más. Dentro de poco, todo esto estará en Spotify, y si usted tiene Premium, posiblemente también esté en su tableta o en su móvil inteligente. La música no importa, lo que importa es otra cosa que está en ninguna parte.

Seguir leyendo:
La familia y otras hierbas en el blog El Perro Cansado

Por qué me gusta La Traviata…

La Traviata fue la primera ópera que escuché, la primera que me permitió acceder a las emociones humanas de una forma excelsa. Con maestría la música nos introduce en el corazón de Alfredo quien, a su vez, desvela los sentimientos que el amor de Violeta genera en su corazón. Son estos los que le hacen repetir con voz queda pero firme “dal di che disse: vivere io voglio, io voglio a te fedel, dell´universo immemore, io vivo quasi in ciel“.

Lunge da lei es sentir cómo la música inunda el espacio y acaricia los sentidos, uno puede escuchar, ver, saborear, olfatear e incluso tocar aquello que se desprende de estas notas. ese es quizás una de las experiencias más bellas que pueden vivirse…disfrutad con este fragmento.

Ya no sé qué hacer conmigo

Ya tuve que ir obligado a misa,
ya toqué en el piano “Para Elisa”
ya aprendí a falsear mi sonrisa,
ya caminé por la cornisa

ya cambié de lugar mi cama,
ya hice comedia, ya hice drama
fui concreto y me fui por las ramas,
ya me hice el bueno y tuve mala fama

ya fui ético y fui errático,
ya fui escéptico y fui fanático
ya fui abúlico y fui metódico,
ya fui púdico fui caótico

ya leí Arthur Conan Doyle,
ya me pasé de nafta a gasoil
ya leí a Breton y a Molière,
ya dormí en colchón y en sommier

ya me cambié el pelo de color,
ya estuve en contra y estuve a favor
lo que me daba placer ahora me da dolor,
ya estuve al otro lado del mostrador

y oigo una voz que dice sin razón,
vos siempre cambiando, ya no cambiás más
y yo estoy cada vez más igual,
ya no sé qué hacer conmigo

ya me ahogué en un vaso de agua,
ya planté café en Nicaragua
ya me fui a probar suerte a USA,
ya jugué a la ruleta rusa

ya creí en los marcianos,
ya fui ovo-lacto vegetariano, sano
fui quieto y fui gitano,
ya estuve tranqui y estuve hasta las manos

hice un curso de mitología
pero de mí los dioses se reían
orfebrería la salvé raspando,
y ritmología aquí la estoy aplicando

ya probé, ya fumé, ya tomé, ya dejé, ya firmé, ya viajé, ya pegué, ya sufrí, ya eludí, ya huí, ya asumí, ya me fui, ya volví, ya fingí, ya mentí

y entre tantas falsedades,
muchas de mis mentiras ya son verdades
hice facil las adversidades,
y me compliqué en las nimiedades

y oigo una voz que dice con razón
vos siempre cambiando, ya no cambiás más
y yo estoy cada vez más igual
ya no sé qué hacer conmigo

ya me hice un lifting, me puse un piercing,
fui a ver al Dream Team y no hubo feeling
me tatué al Ché en una nalga,
arriba de mami para que no se salga

ya me reí y me importó un bledo,
de cosas y gente que ahora me dan miedo
ayuné por causas al pedo,
ya me empaché con pollo al spiedo

ya fui al psicólogo, fui al teólogo,
fui al astrólogo, fui al enólogo
ya fui alcohólico y fui lambeta,
ya fui anónimo y ya hice dieta

ya lancé piedras y escupitajos,
al lugar donde ahora trabajo
y mi legajo cuenta a destajo,
que me porté bien y que armé relajo

y oigo una voz que dice sin razón
vos siempre cambiando, ya no cambiás más
y yo estoy cada vez más igual
ya no sé qué hacer conmigo

El Cuarteto de Nos | Ya no sé qué hacer conmigo | Raro (2006)