laberinto

Salir del laberinto

 

Salir del laberinto
Salir del laberinto

Si se ha tenido el valor o la necesidad de entrar en el laberinto, enfrentarse al minotauro que habita su centro, y salir, la espiral -raíz del laberinto- se vuelve centrífuga. El centro se convierte en un lugar amable y conocido al que ahora se entra sin temor y del que se sale sin mácula.

¡Se aprende tanto del dolor! La flecha antaño lanzada, esa que atinó donde más dolía y que produce una intensa punzada en el corazón, puede ser utilizada en beneficio propio. Cuesta aprenderlo, pero una vez conseguido, no reporta más que beneficios, equilibrio interno, autoconsciencia.

No hay verdadera alegría sin haber conocido la tristeza, no hay sentimiento de calma sin haber sido arrastrado por la ola hasta clavar los dientes en el fondo del mar.

El laberinto de Boughton Green

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Laberinto de Boughton Green

El laberinto de Boughton Green fue construido en Northhamptonshire (Inglaterra). Desde 1353 se celebraba un mercado anual que duraba tres días. No se sabe a ciencia cierta si el origen de este laberinto se remonta a esa época, ya que no se conserva actualmente, pero sí que recorrerlo era un gran acontecimiento durante esos días de mercado.

Es posible que los peregrinos ingleses medievales tomasen como modelo los laberintos de las catedrales francesas y los hiciesen a imagen y semejanza, pero recortando el césped, lo que implicaba retocarlos cada cierto tiempo. Esa es otra de las causas por las que la gran mayoría de ellos se han perdido, ya que estaban en constante transformación.

La originalidad de este laberinto se debe a la sustitución del centro por una espiral, obteniendo un resultado realmente bonito.

El jardín laberíntico de Altjessnitz

Este laberinto fue construido en Altjessnitz (Alemania) en 1792, utilizando setos de dos metros de altura. Su planta de 50 metros lo convierte en el mayor laberinto de Alemania, además de ser el único de su época que se conserva. Al llegar al centro, encontramos una plataforma elevada desde la que se puede contemplar todo el laberinto. Me imagino paseando por su interior, con sus 200 recorridos posibles para alcanzar el centro.

Un laberinto desconcertante

Este laberinto no tiene ningún transfondo simbólico. Es simplemente un juego extremadamente difícil que pone a prueba el límite de resistencia de los ojos. La gran cantidad de líneas de esta figura provoca un estímulo nervioso en la retina que impide que se pueda mirar durante mucho tiempo sin provocar alucinaciones ópticas. Sobre el papel es necesario lápiz y goma de borrar para no perderse, pero sobre la pantalla se hace aún más difícil encontrar el centro.

Espero que no os duela mucho la cabeza buscando el final. Tan sólo quería demostrar que nuestros ojos son uno de los sentidos más engañosos que tenemos.

Ciudad de Troya: un laberinto ruso

Hace cientos de años, los jóvenes rusos y escandinavos solían realizar un juego denominado “danza de la doncella” en este laberinto. Una chica se situaba en el centro (1) y dos chicos (2) y (3) avanzaban por sus pasillos corriendo en sentidos opuestos. El primero que llegaba al centro podía sacar a bailar a la chica.

Este modelo de laberinto se cree que alcanza los 600 años de antigüedad. Se construía cerca de la costa utilizando piedras. Conquistar su centro requería de una hábil estratagema, como la conquista de la ciudad de Troya, de ahí su denominación. En la isla de Gotland se conservan actualmente más de 40 laberintos de este tipo, aunque la ilustración que reproduzco aquí pertenece a Rusia.

La bailarina

Este laberinto, llamado La bailarina y diseñado por Agnes Barmettler, suele ser el distintivo de los lugares con laberintos al aire libre.

El laberinto y la danza siempre han estado muy unidos. Teseo bailó con Ariadna la danza de la grulla junto a los rehenes liberados de Creta en su viaje de regreso a casa. Quizás fue a partir de ahí que se construían en aquellos lugares donde la gente se reunía a bailar.