Italia

Tarantella

Hay una casita en Tarento, junto al puerto, una pequeña construcción en adobe y ladrillo, encalada una y mil veces en un vano intento de reinventarla cada vez que cambia de manos. En la fachada que enfrenta al mar hay una ventana cuyos vanos y persianas sufren el inmisericorde sol mediterráneo. Toda casa que se precie posee una historia que va ligada a ella, unas veces con luz, otras con sombras pero siempre particular y genuina.

Giuseppe la construyó con sus propias manos, como casi todos los tarentinos, vivía de lo que el mar surtía, así que tiró el pequeño cobertizo que su abuelo le dejó y la alzó cuando desposó a María, la flor que convirtió en oasis su desierto, como solía llamarla. Solía permanecer en la ventana al alba mientras el barco de Giuseppe entraba a puerto. Él hacía sonar la sirena tan pronto divisaba el resplandor de su mirada.

Hay hábitos que no por mucho repetirlos se convierten en rutina; aquella imagen en la ventana, aún siendo frecuente, no dejaba de ser un motivo de gozo, la razón de un aliento, el motor de su vida. Cuando las luces de Tarento se dibujaban en el horizonte, sobre el monótono chapoteo del agua sobre el casco de la nave, se elevaba la voz de Giuseppe cuyo torrente no cesaba hasta divisar la sonrisa de su amada en la ventana.

Tanto amor cabía en su cantar, tanta luz rebosaban sus notas y tanta felicidad procuraban a quienes las escuchaban que aún hoy los tarentinos cortejan a la persona amada con él.

Che gelida manina

Una vez concluido el relato anterior con la soberbia aria Che gelida manina, perteneciente a la fantástica ópera de Puccini “La Bohème“, basada en el libro de Henri Murger de título Scènes de la vie de Bohème, uno queda con la sensación de que la obra tiene sentido cuando puedes entender lo recitado y ver a los personajes.

Unas pinceladas acerca del contexto: la historia inicia en París. Allí, cuatro amigos bohemios, Colline, Schaunard, Marcello y Rodolfo, comparten una buhardilla que a duras penas consiguen pagar. En el primer acto, Colline, Marcello y Schaunard se disponen a disfrutar de un dinero que este último acaba de conseguir. Rodolfo, sin embargo, decide quedarse. Una vez solo, alguien llama a la puerta. Se trata de Mimi, una joven costurera que habita en la misma pensión, que le pide ayuda para encender su vela. Segundos después, ella vuelve porque ha olvidado su llave. En ese momento, ambas velas se apagan por lo que deben buscarla a oscuras, situación que facilita el acercamiento de la mano de él con la de ella, encuentro propiciado por Rodolfo quien, a estas alturas, ya se ha enamorado de Mimi.

He traído la versión de Roberto Alagna que, en mi opinión es muy buena. Ojalá la disfrutéis tanto como yo y espero que os lleve a escuchar la respuesta de ella: Si, mi chiamano Mimi.

Trabalenguas

Resulta que buscando resolver unas dudas de Gramática italiana, vuelvo a cruzar mis pasos con los trabalenguas (scioglilingua en italiano), son ya dos ocasiones en cinco días, no deja de ser curioso como igualmente lo es la palabra, trabalenguas, que según la RAE es la “palabra o locución difícil de pronunciar, en especial cuando sirve de juego para hacer que alguien se equivoque...” y ahora me viene a la mente “My fair lady” con aquel famoso “la lluvia en Sevilla es una pura maravilla“, sagaz traducción del original “the rain in Spain stays mainly in the plain” que tanto de sí les proporciona a los protagonistas en la película. Casualmente, el recurso vuelve a las pantallas con la actual “El discurso del rey“.

No quiero concluir sin aportar uno en italiano, por supuesto: “Se la serva non ti serve, a che serve che ti serva di una serva che non serve?”
Ci vediamo!