Calblanque

Un paseo por Calblanque (y 4)

La lucha geológica del Mediterráneo con las arenas calcificadas, diseñó en la paciencia del tiempo una arquitectura natural de gran belleza repleta de vida ancestral convertida en piedra, caparazones de tortuga, fósiles de estrellas de mar, dinosaurios,… La imaginación se desborda en este lugar al observar las formas creadas con el paso de los siglos, especialmente en las zonas más cercanas a la costa. Es increíble apreciar cómo se puede unir la imaginación natural, la arena, los animales marinos y un poco de carbonato cálcico para obtener semejante resultado. Las plantas rupícolas que aquí habitan se han acostumbrado a sobrevivir a las duras condiciones derivadas de un viento cargado de partículas de sal.

Abiertos a las sorpresas que este lugar nos quiera seguir ofreciendo, encontramos los bufaderos. Hoy es fuerte el oleaje, así que estos agujeros en la duna fósil disparan agua salada en vertical, gracias a la impresionante fuerza del mar y a sus efectos en la duna fósil. Se siente el aire salado penetrar en los pulmones y la suave caricia embriagadora de la brisa en la piel.

Ya no sabemos si continuar la marcha o quedarnos aquí para siempre, aún sabiendo que eso sería materialmente imposible. Decidimos terminar la mañana en las dunas móviles de la playa, tumbando nuestros cuerpos al sol. Quizás nos hemos dormido y todo ha sido un sueño, quizás es ahora que nos adormilamos en estas mágicas arenas. El sueño es posible. Sólo hay que dejarse llevar por el embrujo de Calblanque para comprobarlo.

Un paseo por Calblanque (3)

Saliendo de la rambla de Cobaticas, la brisa marina y el olor a sal se hacen evidentes. Nos subimos a un promontorio para mejorar la perspectiva que se abre ante nosotros y observamos los rasgos más característicos del amplio y variado paisaje en torno a las Salinas del Rasall, allá al fondo, que a modo de espejo bien parecen un oasis en la distancia precedido por el saladar y los abandonados bancales, que antaño fueron soporte de la agricultura de quienes por aquí habitaron hasta hace poco más de 50 años. También avistamos desde este punto las ruinas de una antigua casa cúbica, siendo testigos de cómo construir una vivienda con los materiales que la naturaleza a nuestro alrededor nos quiera ofrecer.

Nos ponemos en la piel de estas gentes y de sus actividades: cultivos de secano, apicultura, pastoreo, minería, caza, pesca, extracción de sal,… Las posibilidades de vivir en conjunción con el medio se hacen patentes. Es media mañana y decidimos dar cuenta del esperado almuerzo que nos permita continuar la marcha con fuerzas suficientes para todo lo que aún nos aguarda.

Dejando a nuestra izquierda esos antiguos cultivos, hoy eriales, nos adentramos en una zona donde cambia el sustrato del suelo y la vegetación, el saladar, donde comprobamos por nosotros mismos las diferentes adaptaciones de la flora a las extremas condiciones derivadas del exceso de sal, llegando finalmente a las salinas. Son estas un ejemplo de la transformación de un humedal para favorecer la explotación de sal, valorándolo como ejemplo de la intervención positiva del hombre en la naturaleza, al crear un ambiente que enriquece enormemente el entorno. Pensamos en la necesidad de mantenerlas, así como en las nefastas consecuencias derivadas del abandono de este tipo de ecosistemas, pero no desfallecemos y proseguimos la marcha en dirección, ahora sí, al mar, acercándonos a las dunas fósiles.

Un paseo por Calblanque (2)

Estamos entrando al parque regional de Calblanque, un espacio natural protegido en la franja costera entre Cartagena y el cabo de Palos. Si os place, seguimos con el paseo por esta tierra mágica, en busca del mar.

El camino que nos trae desde Los Belones es ya un anuncio de lo que vamos a encontrar. Ha florecido la albaida y un suave manto amarillo recubre las suaves pendientes de los montes, salpicado por el violeta de la lavanda o el tomillo. Si algo destaca desde el primer momento es la amalgama de tonalidades a nuestro alrededor, esa planta gris invernal que ahora explota su brillo ante nuestros ojos.

Dejamos atrás la presión urbanística del Mar Menor y La Manga, dirigiéndonos hacia el sur. Los montes litorales, antesala de cultivos y altas fronteras para un mar que se anuncia con la brisa, nos rodean mostrándonos el largo y complejo proceso geológico que han sufrido hasta convertirse en las formaciones que ahora contemplamos y que antaño estuvieron cubiertas por el agua marina. Altas calizas y bajas pizarras son ya una evidencia de la espectacular geomorfología que nos aguarda. Es el pino carrasco, principal exponente del bosque mediterráneo, su morador más numeroso en cuanto a árboles, aunque nuestra vista no puede evitar fijarse en los alegres palmitos que por doquier se distribuyen por el terreno, o el esparto, especie tan valorada por nuestros abuelos para fabricar todo tipo de utensilios que les hicieran la vida más sencilla.

Bajando por el serpenteante camino observamos las casas de Cobaticas, villa fundida en el paisaje por lo ancestral de su historia más que por sus construcciones en sí mismas. Es aquí donde oteamos el mar al fondo y se dispara nuestro impulso de seguir adelante atendiendo a su influjo magnético. Es precisamente la rambla de Cobaticas, convertida en camino por la insistencia de los automóviles, la que tomamos en nuestro paseo girando hacia la izquierda. Nos sorprenden las numerosas plantas aromáticas que pueblan sus márgenes y embriagan nuestro olfato con el suave aroma del tomillo, el romero, la lavanda o la artemisa. También los antiguos pobladores de la zona supieron aprovechar sus cualidades elaborando con ellas aceites y perfumes. Nuestra algarabía se despierta y nos perdemos entre tantos árboles diferentes, ancestrales pobladores del parque que nos muestran aquí su descendencia y reconfortan nuestra esperanza al seguir contemplándolos hoy en día.

Un paseo por Calblanque

Casi sin darnos cuenta, ha llegado la primavera a Calblanque. En esta estación del año, el parque se viste de colores y envuelve nuestros sentidos. Es aquí donde se abre la posibilidad de dejarnos llevar por todo aquello que, día tras día, la naturaleza nos quiera ofrecer. Y es que aquí cada día es nuevo. El sol del amanecer nos anuncia una nueva posibilidad de redescubrir un paisaje en constante transformación. Será por eso que en este lugar se dejan ver gentes de todas las latitudes y características, todos sorprendidos de encontrar aquello que buscaban en un espacio natural: montes litorales, ramblas, bancales, inmensas dunas, playas vírgenes,… Todo está aquí para quien lo sepa ver, fluyendo en constante movimiento. Decía Heráclito que nadie se baña dos veces en el mismo río, y algo de razón tenía, porque al llegar a esta encrucijada de caminos y biodiversidad todos nos preguntamos si ya estuvimos aquí alguna vez o acaso es un mundo nuevo, una original perspectiva de la vida que se abre ante nosotros.