Reducir las necesidades

Últimamente tiendo a repetirme varias veces al día lo de que “no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita”, y no me refiero sólo al ámbito económico-monetario del asunto, sino a la mayoría de aspectos que conforman la existencia: necesidad de compañía, necesidad de conversación, necesidad de viajar, necesidad de posesiones tecnológicas, necesidad de una calidad de vida burguesa, necesidad de pareja, necesidad de un gran sueldo, suma y sigue…

El aumento disparatado de casos de depresión en nuestra época desborda los peores augurios sobre la salud mental de las personas, y me pregunto: ¿hay alguien que no conozca algún caso en su entorno cercano?

La vida controlada y la falta de individualidad podrían ser algunas de sus causas, pero también la no satisfacción de nuestros crecientes deseos, que se van acumulando hasta que somos devorados por ellos, consumidos por la incontrolable cantidad de necesidades no satisfechas.

La dictadura del mercado está aquí, se ha instalado cómodamente en nuestra sociedad y nosotros seguimos fielmente su imposición mediante el consumismo exacerbado, asumiendo las necesidades que nos crea como necesidades propias, e intentando satisfacer después todas esas demandas imposibles de cumplir en su mayoría. Este sistema dictatorial en el que nos vemos inmersos nos crea los problemas y posteriormente nos vende los remedios.

¿Sabíais que 51 de las 100 entidades privadas más poderosas del planeta son corporaciones multinacionales? Las 49 restantes son estados.

Bienvenidos a la fiesta de la falsa democracia, donde se confunde libertad con libertad de consumo, eso sí, previamente manipulado. No nos engañemos: nuestras necesidades son creadas y se convierten en fieros verdugos cuando no las satisfacemos. Quiero darme cuenta.