¡Qué afortunado quien no lo posee!

Anoche estuve escuchando música de hace unos años, canciones de otra época y sin embargo actuales, porque el paso del tiempo no las ha relegado al olvido. Mientras el faro giraba y la brisa de la noche acariciaba todo a su paso, sonó un tema de Dead Can Dance cuya letra está basada en un poema de Bertolt Brecht. Y después de tantos años, volvió a sonarme especial. Aquí está la traducción:

DEAD CAN DANCE:
How Fortunate The Man With None

[audio:http://www.lacasagiratoria.com/muzzik/how.mp3]

Ya visteis al sagaz Salomón
y sabéis lo que fue de él.
Lo complejo le parecía sencillo.
Maldijo la hora que lo hizo nacer
y vio que todo era en vano.
¡Cuán grande y sabio fue Salomón!
Sin embargo, el mundo no tardó
en sacar su conclusión:
fue la sabiduría lo que lo llevó a ese estado.
¡Qué afortunado el hombre que no la posee!
¡Qué afortunado el hombre que no la posee!

Visteis después al valeroso César
y sabéis lo que fue de él.
Lo deificaron en vida
pero, aún así, lo asesinaron.
Y cuando alzaban el fatal puñal,
exclamó, bien alto: “¡tú también, hijo!”
Sin embargo, el mundo no tardó
en sacar su conclusión:
fue la valentía lo que lo llevó a ese estado.
¡Qué afortunado el hombre que no la posee!
¡Qué afortunado el hombre que no la posee!

Habéis oído hablar del honrado Sócrates,
el hombre que jamás mentía.
Pero no fueron tan agradecidos como cabría pensar.
En vez de eso, los gobernantes lo hicieron juzgar
y le entregaron la bebida envenenada.
¡Qué honrado era el noble hijo del pueblo!
Sin embargo, el mundo no tardó
en sacar su conclusión:
fue la honradez lo que lo llevó a ese estado.
¡Qué afortunado el hombre que no la posee!
¡Qué afortunado el hombre que no la posee!

Aquí veis a unas personas respetables
que se atienen a las leyes de Dios,
quien, de momento, no se da por enterado.
Los que estáis sentados calentitos y seguros en casa
ayudadnos a aliviar nuestra amarga necesidad.
¡Con lo virtuosamente que comenzamos!
Sin embargo, el mundo no tardó
en sacar su conclusión:
fue el temor de Dios lo que nos dejó en este estado.
¡Qué afortunado el hombre que no lo posee!
¡Qué afortunado el hombre que no lo posee!