En el principio está la admiración

Es algo realmente curioso que este universo sea un “cosmos”, un todo armónico y no un “caos”, un desorden. Ese todo armónico es un enigma que nos asombra y nos produce admiración, generando en nuestro interior una gran suerte de interrogantes. ¿Cómo es posible esa armonía en el universo a pesar de lo diferentes que son entre sí los seres que lo componen, a pesar de los cambios constantes que en él se producen? La pregunta viene generada por la admiración y el asombro que este mundo enigmático produce en nosotros, pero ¿cuál es la respuesta?

Fueron los mitos de la antigüedad los que primero intentaron contestar al gran enigma, a través de narraciones fantásticas que recurrían a las fuerzas sobrehumanas para explicar el origen y la regularidad del cosmos: dioses, semidioses o poderes cósmicos personificados.

La filosofía occidental también intenta responder a la gran pregunta, pero recurriendo al logos, esto es, a través de explicaciones racionales que pretenden sustentarse en argumentaciones.

En lo que a mí respecta, me quedo con los mitos y la actividad de los primeros filósofos, que recurrían frecuentemente a explicaciones míticas. Recomiendo fervientemente leer a los filósofos presocráticos, sobre todo a Heráclito, del que hablaré otro día. Baste hoy con añadir a mis reflexiones un fragmento de la Metafísica de Aristóteles, que hace un intento de responder a la gran pregunta del principio armónico:

Los hombres comienzan y comenzaron siempre a filosofar movidos por la admiración. […] Pero el que se plantea un problema o se admira, reconoce su ignorancia. Por eso también el que ama los mitos es en cierto modo filósofo; pues el mito se compone de elementos maravillosos. De suerte que, si filosofaron para huir de la ignorancia, es claro que buscaban el saber en vista del conocimiento, y no por alguna utilidad.

Aristóteles, Metafísica

Nuevas percepciones de La Alhambra

Siempre me gustó pasear por La Alhambra de Granada. Hace más de quince años que visito este lugar, eso sí, con menos asiduidad de la que me gustaría. En mi último paseo por sus patios de ensueño, me dediqué a bajar la cámara al suelo y conseguir con ello un nuevo punto de vista. El problema es que cada año hay más gente y está empezando a ser necesario poder desconectar de los humanos si queremos sentir la magia de estar solos en un sitio así.

Alan Watts: el espíritu del Zen

Si existe un responsable de la penetración actual de las filosofías orientales como el Taoismo y el Budismo en Occidente, ese es Alan Watts. Nadie como él ha sabido traducir la sutil sabiduría de Oriente en conceptos fácilmente comprensibles para nuestras mentes ‘civilizadas’.

Os invito a juzgarlo por vosotros mismos en este breve e interesante texto:

El espíritu del Zen

Hasta hace poco tiempo el Budismo Zen era casi totalmente desconocido en Occidente, con excepción de unos pocos orientalistas cuyo interés por el tema era principalmente académico. […]

El Zen es tan definidamente distinto de cualquier otra forma de Budismo, y hasta podría decirse de cualquier otra forma de religión, que ha provocado la curiosidad de muchos que normalmente no hubieran pensado en mirar hacia Oriente en busca de sabiduría práctica.

Una vez que se provoca curiosidad, no es fácil aplacarla, pues el Zen ejerce una particular fascinación sobre las cansadas mentes de la religión y la filosofía convencionales. Desde un comienzo el Zen se aparta de toda forma de teorización, instrucción doctrinaria y formalidades desprovistas de vida; éstas son tratadas como simples símbolos de la sabiduría, y el Zen está fundado en la práctica y en una experiencia íntima, personal, de la realidad que la mayoría de las formas de la religión y la filosofía no encaran más que como una descripción emocional e intelectual. No se quiere decir con eso que el Zen es el único camino verdadero que lleva a la iluminación; se ha dicho que la diferencia entre el Zen y otras formas de religión reside en que ‘todos los otros caminos trepan lentamente por las laderas de la montaña, pero el Zen, al igual que un camino romano, arroja a los lados todos los obstáculos y se mueve en línea recta hacia la meta’. Después de todo, los credos, los dogmas y los sistemas filosóficos son solamente ideas acerca de la verdad, del mismo modo que las palabras no son hechos sino que hablan acerca de los hechos; mientras que el Zen es una vigorosa tentativa de ponerse en contacto directo con la verdad misma, sin permitir que teorías y símbolos se yergan entre el conocedor y la cosa conocida. En cierto sentido el Zen es sentir la vida en lugar de sentir algo acerca de la vida; no muestra ninguna paciencia hacia la sabiduría de segunda mano, hacia la descripción que haga cualquier persona sobre una experiencia espiritual, o las meras concepciones y creencias. Si bien la sabiduría de segunda mano es valiosa como cartel que señala el camino, con demasiada facilidad se la confunde con el camino mismo, y hasta con la meta final. Son tan sutiles las formas en que las descripciones de la verdad pueden presentarse como la verdad misma, que el Zen es con frecuencia una forma de iconoclastía, una destrucción de las simples imágenes intelectuales de la realidad viviente, cognoscible solamente a través de la experiencia personal.

Pero es en sus métodos de instrucción donde el Zen es único. No hay en él enseñanza doctrinaria, ningún estudio de escrituras, nada de programas formales de desarrollo espiritual. Aparte de unas pocas recopilaciones de sermones de los primeros maestros Zen, que son las únicas tentativas de una exposición racional de sus enseñanzas, la casi totalidad de nuestros antecedentes de la instrucción Zen son un número de diálogos (mondo) entre los maestros y sus discípulos que parecen dedicar muy poca atención a las normas usuales de la lógica y el razonamiento sano, a punto tal que aparecen a primera vista como carentes de sentido. […]

Pero el Zen no trata de ser inteligible, es decir, de poder ser comprendido por el intelecto. El método del Zen es desconcertar, excitar, intrigar y agotar al intelecto hasta que se perciba que la intelección es solamente acerca de; habrá de provocar, irritar y volver a agotar a las emociones hasta que se vea claramente que la emoción es solamente sentir acerca de , y luego discurrir, cuando el discípulo haya sido sometido a una impasse intelectual y emocional, sobre cómo salvar la brecha que existe entre el contacto conceptual de segunda mano con la realidad y la experiencia de primera mano. Para lograr esto pondrá en juego una facultad más elevada de la mente, conocida como intuición o Buddhi, denominada en ocasiones ‘Ojo del Espíritu’. Resumiendo: el Zen aspira a concentrar la atención sobre la realidad misma, en lugar de hacerlo sobre nuestras reacciones intelectuales y emocionales ante la realidad; siendo la realidad ese algo siempre cambiante, siempre creciente, que conocemos como ‘vida’, que jamás se detiene ni por un instante para que nosotros la hagamos encajar satisfactoriamente dentro de un rígido sistema de casilleros e ideas.

Es así como cualquiera que haga la tentativa de escribir sobre Zen, tiene que enfrentarse con dificultades insólitas: no puede jamás explicar, sólo puede indicar; tan sólo puede ir planteando problemas y proporcionando indicios que, cuando mucho, apenas alcanzaran a acercar al lector a la verdad, pero en el mismo instante en que trata de llegar a una definición exacta, la cosa se le desliza de las manos, y la definición termina siendo nada más que una concepción filosófica.

Texto: Alan Watts

Kubrick 2001: la odisea del espacio explicada

Seguramente muchos de vosotros habréis visto la película de Stanley Kubrick2001, una odisea del espacio“. Han corrido ríos de tinta en torno a las interpretaciones de este film, su significado filosófico, los porqués a una trama aparentemente simple.

En la web Kubrick 2001: la odisea del espacio explicada intentan dar su versión de la historia a través de una aplicación Flash que nos deja boquiabiertos. Puedes elegir el idioma en que quieres verlo, así que conecta los altavoces de tu ordenador, relájate y disfruta como si estuvieses en el cine.

Ciudad de Troya: un laberinto ruso

Hace cientos de años, los jóvenes rusos y escandinavos solían realizar un juego denominado “danza de la doncella” en este laberinto. Una chica se situaba en el centro (1) y dos chicos (2) y (3) avanzaban por sus pasillos corriendo en sentidos opuestos. El primero que llegaba al centro podía sacar a bailar a la chica.

Este modelo de laberinto se cree que alcanza los 600 años de antigüedad. Se construía cerca de la costa utilizando piedras. Conquistar su centro requería de una hábil estratagema, como la conquista de la ciudad de Troya, de ahí su denominación. En la isla de Gotland se conservan actualmente más de 40 laberintos de este tipo, aunque la ilustración que reproduzco aquí pertenece a Rusia.

Texturas

En mi afán de mirar al suelo y deleitarme con las texturas que pisamos cada día, descubro una acera construida con las maderas de una via de tren. Una pena que las fotografías no se puedan oler, porque este lugar de paso tiene el aroma de las viejas locomotoras, los andenes de espera, las despedidas y los reencuentros.

El placer de andar

Andando se ven mejor las formas y los contornos, los colores, el paisaje. Se respira mejor, se aprecia el detalle.

Sólo quiero andar por caminos de lluvias amarillas como única patria, ajeno a un mundo que nunca me incluyó en su totalidad. Yo vivo otros mundos, los recorro largo y tendido, aprendiendo en sus detalles y en su lejanía. Estos mundos no participan de leyes escritas ni concepciones acerca de modos establecidos de ver.

Mis caminos, tan poco transitados, son pedregosos para quienes se alejan de ellos, pero no saben lo intenso que resulta andarlos.

La bailarina

Este laberinto, llamado La bailarina y diseñado por Agnes Barmettler, suele ser el distintivo de los lugares con laberintos al aire libre.

El laberinto y la danza siempre han estado muy unidos. Teseo bailó con Ariadna la danza de la grulla junto a los rehenes liberados de Creta en su viaje de regreso a casa. Quizás fue a partir de ahí que se construían en aquellos lugares donde la gente se reunía a bailar.

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