Ensayo sobre la ceguera (José Saramago, 1995)

José Saramago

Decía Mario Benedetti que “un pesimista es un optimista bien informado”, y algo de razón tenía. En realidad, los seres humanos disponemos de un sistema de defensa ante el mundo que nos hace poder desconectar de todas sus miserias y negatividades. Afortunados los que pueden hacer uso de esta coraza y seguir sonriendo cuando todo a su alrededor se cae a pedazos. ¿Quién en sus plenas facultades de consciencia apostaría lo más mínimo por este sistema en que vivimos dentro de cincuenta años? Y digo cincuenta por utilizar el número que José Saramago, el genial nobel de literatura portugués, utilizó para decir algo así como que no daría nada por este mundo en apenas esos pocos años. ¿Catastrofista o realista? ¿Negativo o consciente? ¿Qué está pasando a nuestro alrededor? ¿Estamos todos ciegos?

Ensayo sobre la ceguera es una novela de Saramago que plantea esta situación y la lleva a extremos. Una ceguera colectiva que se contagia por la mera presencia, de modo que toda la humanidad, afectada de esta grave enfermedad, va perdiendo la visión paulatinamente hasta que se desata el caos más absoluto. Y la pregunta es: ¿qué ocurriría si en medio de esta catástrofe, una sóla persona mantuviese la capacidad de “ver”?

¿Qué sentiría? ¿Podría mantener alto su estado de ánimo? ¿Podría hacer algo por el mundo o, por el contrario, se abandonaría al sueño eterno de sus semejantes? ¿Sería capaz de soportar las bajezas humanas que tal enfermedad del alma provocaría a su alrededor? Y lo más importante, ¿cual sería su grado de responsabilidad como persona que “ve” entre tantos ciegos?

Ensayo sobre la ceguera
Ensayo sobre la ceguera

Recomiendo fervientemente a este gran escritor para formularnos todas estas preguntas y muchísimas más. Sin embargo, advierto: pese a que la novela se lee impulsivamente, pese a que el argumento es increíblemente entretenido y ameno, pese a su magistral control de la acción literaria, la conclusión no es positiva. No busques un “final feliz” porque no viene al caso.

Si estás dispuesto a renunciar a las falsas bondades de este mundo y a abrir los ojos, José Saramago te ayudará más que muchos medios de comunicación que lo pretenden consiguiendo justamente lo contrario. No importa tanto que en tal o cuál sitio la situación esté mal. Lo preocupante es que en todo el mundo se está extendiendo un virus incontrolable que no sabemos dónde desembocará. ¿Ceguera colectiva, egoísmo desatado, falta de objetividad, egocentrismo como erróneo medio de supervivencia?

José Saramago:
Ensayo sobre la ceguera

Ediciones Alfaguara S.A. – Grupo Santillana
Madrid, 2003

Buena Vida (Delivery)

Ayer fui al cine a ver una película argentina, Buena vida (Delivery), comedia dramática de Leonardo Di Cesare que muestra la realidad de la gran crisis económica que atravesó el país en el 2001 y que aún perdura.

Hernán es un joven que vive solo en una ciudad argentina después de que su familia emigre a España buscando mejores condiciones de vida. Trabaja como repartidor a domicilio y está enamorado de Pato, la empleada de una gasolinera, que acabará alquilando una habitación en casa de Hernán. Comienza así un idilio amoroso entre ambos que se verá prontamente interrumpido por la inesperada visita de la familia de Pato a la casa de Hernán. Lo que parecía la típica visita familiar de una noche, se va alargando. Los días pasan y la familia no se va, sino que acaban montando una fábrica de churros en la sala de estar, convirtiendo una historia de lo más normal en una dramática situación que el director utiliza para ofrecernos una visión hiperrealista de la situación social argentina tras la crisis económica, digna del mejor cine social de Berlanga o Azcona.

La interpretación magistral de los personajes, un guión lineal previsible pero increíblemente bien elaborado, la visión apocalíptica de un país sumido en una crisis brutal, el reflejo de una sociedad donde los valores se desmoronan, la familia se descompone y aumenta salvajemente la ley del “sálvese quien pueda”, convierten a “Buena Vida (Delivery)” en un film perfecto para entender lo que está pasando en Argentina, un panorama que a veces nos puede resultar ajeno, pero cuidado, porque lo que nos muestra Leonardo Di Cesare no está nada lejos de lo que podría ocurrir en cualquier país.

Hiperrealismo sublime que nos abre los ojos ante la realidad de un mundo que nos es ciertamente cercano a los españoles. Película absolutamente necesaria para todos aquellos que se permiten juzgar a los inmigrantes argentinos o de cualquier otra nacionalidad, por los motivos que sean. El panorama que muestra el director es algo ante lo que casi todos nosotros saldríamos corriendo en busca de algo mejor, incluso si eso implica abandonar nuestro país.

La película, a pesar de su cartel nada atrayente y de que la presenten como una comedia, es un dramón social que te va a tocar la fibra sensible, en el mejor de los sentidos, invitándote a reflexionar y quizás plantearte: ¿qué haría yo en una situación así?, pregunta que deberemos hacernos en cualquier momento en que nos tropecemos con un inmigrante, legal o ilegal, sea del país que sea.

BUENA VIDA (DELIVERY)
Argentina, 2004 | 92 min.
Dirección: Leonardo Di Cesare
Más información: Web oficial | Ficha en IMDb

En el principio está la admiración

En el principio está la admiración

Es algo realmente curioso que este universo sea un “cosmos”, un todo armónico y no un “caos”, un desorden. Ese todo armónico es un enigma que nos asombra y nos produce admiración, generando en nuestro interior una gran suerte de interrogantes. ¿Cómo es posible esa armonía en el universo a pesar de lo diferentes que son entre sí los seres que lo componen, a pesar de los cambios constantes que en él se producen? La pregunta viene generada por la admiración y el asombro que este mundo enigmático produce en nosotros, pero ¿cuál es la respuesta?

Fueron los mitos de la antigüedad los que primero intentaron contestar al gran enigma, a través de narraciones fantásticas que recurrían a las fuerzas sobrehumanas para explicar el origen y la regularidad del cosmos: dioses, semidioses o poderes cósmicos personificados.

La filosofía occidental también intenta responder a la gran pregunta, pero recurriendo al logos, esto es, a través de explicaciones racionales que pretenden sustentarse en argumentaciones.

En lo que a mí respecta, me quedo con los mitos y la actividad de los primeros filósofos, que recurrían frecuentemente a explicaciones míticas. Recomiendo fervientemente leer a los filósofos presocráticos, sobre todo a Heráclito, del que hablaré otro día. Baste hoy con añadir a mis reflexiones un fragmento de la Metafísica de Aristóteles, que hace un intento de responder a la gran pregunta del principio armónico:

Los hombres comienzan y comenzaron siempre a filosofar movidos por la admiración. […] Pero el que se plantea un problema o se admira, reconoce su ignorancia. Por eso también el que ama los mitos es en cierto modo filósofo; pues el mito se compone de elementos maravillosos. De suerte que, si filosofaron para huir de la ignorancia, es claro que buscaban el saber en vista del conocimiento, y no por alguna utilidad.

Aristóteles, Metafísica

Nuevas percepciones de La Alhambra

Nuevas impresiones de La Alhambra

Siempre me gustó pasear por La Alhambra de Granada. Hace más de quince años que visito este lugar, eso sí, con menos asiduidad de la que me gustaría. En mi último paseo por sus patios de ensueño, me dediqué a bajar la cámara al suelo y conseguir con ello un nuevo punto de vista. El problema es que cada año hay más gente y está empezando a ser necesario poder desconectar de los humanos si queremos sentir la magia de estar solos en un sitio así.

Alan Watts: el espíritu del Zen

Alan Watts: el espíritu del Zen

Si existe un responsable de la penetración actual de las filosofías orientales como el Taoismo y el Budismo en Occidente, ese es Alan Watts. Nadie como él ha sabido traducir la sutil sabiduría de Oriente en conceptos fácilmente comprensibles para nuestras mentes ‘civilizadas’.

Os invito a juzgarlo por vosotros mismos en este breve e interesante texto:

El espíritu del Zen

Hasta hace poco tiempo el Budismo Zen era casi totalmente desconocido en Occidente, con excepción de unos pocos orientalistas cuyo interés por el tema era principalmente académico. […]

El Zen es tan definidamente distinto de cualquier otra forma de Budismo, y hasta podría decirse de cualquier otra forma de religión, que ha provocado la curiosidad de muchos que normalmente no hubieran pensado en mirar hacia Oriente en busca de sabiduría práctica.

Una vez que se provoca curiosidad, no es fácil aplacarla, pues el Zen ejerce una particular fascinación sobre las cansadas mentes de la religión y la filosofía convencionales. Desde un comienzo el Zen se aparta de toda forma de teorización, instrucción doctrinaria y formalidades desprovistas de vida; éstas son tratadas como simples símbolos de la sabiduría, y el Zen está fundado en la práctica y en una experiencia íntima, personal, de la realidad que la mayoría de las formas de la religión y la filosofía no encaran más que como una descripción emocional e intelectual. No se quiere decir con eso que el Zen es el único camino verdadero que lleva a la iluminación; se ha dicho que la diferencia entre el Zen y otras formas de religión reside en que ‘todos los otros caminos trepan lentamente por las laderas de la montaña, pero el Zen, al igual que un camino romano, arroja a los lados todos los obstáculos y se mueve en línea recta hacia la meta’. Después de todo, los credos, los dogmas y los sistemas filosóficos son solamente ideas acerca de la verdad, del mismo modo que las palabras no son hechos sino que hablan acerca de los hechos; mientras que el Zen es una vigorosa tentativa de ponerse en contacto directo con la verdad misma, sin permitir que teorías y símbolos se yergan entre el conocedor y la cosa conocida. En cierto sentido el Zen es sentir la vida en lugar de sentir algo acerca de la vida; no muestra ninguna paciencia hacia la sabiduría de segunda mano, hacia la descripción que haga cualquier persona sobre una experiencia espiritual, o las meras concepciones y creencias. Si bien la sabiduría de segunda mano es valiosa como cartel que señala el camino, con demasiada facilidad se la confunde con el camino mismo, y hasta con la meta final. Son tan sutiles las formas en que las descripciones de la verdad pueden presentarse como la verdad misma, que el Zen es con frecuencia una forma de iconoclastía, una destrucción de las simples imágenes intelectuales de la realidad viviente, cognoscible solamente a través de la experiencia personal.

Pero es en sus métodos de instrucción donde el Zen es único. No hay en él enseñanza doctrinaria, ningún estudio de escrituras, nada de programas formales de desarrollo espiritual. Aparte de unas pocas recopilaciones de sermones de los primeros maestros Zen, que son las únicas tentativas de una exposición racional de sus enseñanzas, la casi totalidad de nuestros antecedentes de la instrucción Zen son un número de diálogos (mondo) entre los maestros y sus discípulos que parecen dedicar muy poca atención a las normas usuales de la lógica y el razonamiento sano, a punto tal que aparecen a primera vista como carentes de sentido. […]

Pero el Zen no trata de ser inteligible, es decir, de poder ser comprendido por el intelecto. El método del Zen es desconcertar, excitar, intrigar y agotar al intelecto hasta que se perciba que la intelección es solamente acerca de; habrá de provocar, irritar y volver a agotar a las emociones hasta que se vea claramente que la emoción es solamente sentir acerca de , y luego discurrir, cuando el discípulo haya sido sometido a una impasse intelectual y emocional, sobre cómo salvar la brecha que existe entre el contacto conceptual de segunda mano con la realidad y la experiencia de primera mano. Para lograr esto pondrá en juego una facultad más elevada de la mente, conocida como intuición o Buddhi, denominada en ocasiones ‘Ojo del Espíritu’. Resumiendo: el Zen aspira a concentrar la atención sobre la realidad misma, en lugar de hacerlo sobre nuestras reacciones intelectuales y emocionales ante la realidad; siendo la realidad ese algo siempre cambiante, siempre creciente, que conocemos como ‘vida’, que jamás se detiene ni por un instante para que nosotros la hagamos encajar satisfactoriamente dentro de un rígido sistema de casilleros e ideas.

Es así como cualquiera que haga la tentativa de escribir sobre Zen, tiene que enfrentarse con dificultades insólitas: no puede jamás explicar, sólo puede indicar; tan sólo puede ir planteando problemas y proporcionando indicios que, cuando mucho, apenas alcanzaran a acercar al lector a la verdad, pero en el mismo instante en que trata de llegar a una definición exacta, la cosa se le desliza de las manos, y la definición termina siendo nada más que una concepción filosófica.

Texto: Alan Watts

Kubrick 2001: la odisea del espacio explicada

Seguramente muchos de vosotros habréis visto la película de Stanley Kubrick2001, una odisea del espacio“. Han corrido ríos de tinta en torno a las interpretaciones de este film, su significado filosófico, los porqués a una trama aparentemente simple.

En la web Kubrick 2001: la odisea del espacio explicada intentan dar su versión de la historia a través de una aplicación Flash que nos deja boquiabiertos. Puedes elegir el idioma en que quieres verlo, así que conecta los altavoces de tu ordenador, relájate y disfruta como si estuvieses en el cine.