Nueva York

No sin cierta desgana eligió unas prendas del vestidor. Resultar elegida entre todos los aspirantes la llenaba de orgullo, mas atravesar dos continentes sin sentir su apoyo se le antojaba como una tarea de complicada ejecución. Respiró profundamente, impregnó sus pituitarias con el etéreo aroma de él y lo añadió con delicadeza a su equipaje; sin lugar a dudas sería lo más parecido a su compañía.
El sonido de sus pasos en la cocina la devolvió a la realidad. Te prepararé unos bocadillos, le dijo con voz trémula mientras se esforzaba en disimular su enojo. Los patrocinadores ignoraron las recónditas intenciones de su corazón.

Interrumpiendo su enternecedor trabajo culinario, ella asió su mano y le llevó consigo al lugar donde sus besos florecen, donde la eterna primavera transforma los sueños en mágica realidad. Un jardín construido con sublimes deseos. Perdió su piel en la de él convirtiendo en eterno el instante y exhalando una profunda tristeza por el inminente viaje. Se acurrucó a su lado para evitar el frío del alma en las despedidas y ambos hicieron brotar un río que habría de desembocar en un reencuentro.