Noches enjauladas en sábanas solitarias,
un río desciende por ellas
en busca de un amanecer que no llega,
mi piel bucea entre pliegues de seda
surcando océanos en calma
alcanzando islas de terciopelo
en las que habita inesperado naufrago,
solo mis manos tocar pudieran,
ínsula de preciado tesoro,
aquello que afanoso
siempre guardaste para mí