Motivos para escribir

Siempre quise escribir un diario, el típico diario personal donde alguien escribe sobre sí mismo sin pudor ni omisiones. El temor a que este cuaderno fuese encontrado y leído por alguien, sin yo saberlo, me hizo desistir de cada una de mis intenciones para llevarlo a cabo. Sin embargo hay otras vías para poder escribir. Un diario es cuestión de empezar y no parar, sin pensar en nada más. Así que allá voy.

No me acuerdo de mi pasado, soy amnésico, y por eso tengo la imperiosa necesidad de reflejar aquí todo cuanto ocurre en mi mundo para que quede constancia antes de que lo olvide.

Este es mi cuaderno público, para todos aquellos que gusten de inmiscuirse en las vidas de los demás y para mí mismo, por supuesto. Supero el temor a que este cuaderno sea encontrado de una forma tan fácil como efectiva: publicándolo. Así no hay temor, porque ya sé que siempre habrá alguien que leerá todo cuanto quede aquí reflejado.

Un solo pero: sigo teniendo debilidad por el cuaderno en papel, el tacto de sus hojas, el leve sonido del lápiz deslizándose, y siempre habrá páginas escritas únicamente para ser guardadas, a modo de catarsis. Nadie es perfecto. Además, ¿cómo expresar con palabras aquello que únicamente se puede apreciar con los sentidos? El intento de hacerlo queda guardado en las entrañas de mi libro de almohada.