Melankholia

En el límite entre la tristeza y la melancolía, sin posible decantamiento, feliz es lo más parecido. Sin ataduras y lleno de alas, siempre con el alma puesta en aquello que, ya tamizado, se esconde: la búsqueda constante y eterna de aquello que no se ha de encontrar jamás, para poder así rozar ese símil, el borde de la melancolía, el más perfecto estado al que nunca llegué.

Tender a la tristeza con morriña, con añoranza de lo no hallable, con nostalgia de lo nunca vivido; vaga tristeza con profundidad, permanencia y sosiego. Será el comienzo de una psicosis maníaco-depresiva a la que no llegaré nunca; será la griega “melankholia”, la bilis negra; será ternura por todo aquel que no dejó nunca de buscar sobre terrenos baldíos; o quizás, que voy muriendo con cada pérdida y los ojos buscan inquietos aquello que llene el vacío. Eu tenho saudade, só saudade, apenas…