Me han traído carbón…

Resultaba mágico…uno les veía con toda su magnificencia en suntuosas carrozas precedidos de una corte de pajes, bufones, gnomos y duendes, quedabas extasiado, pensando que todo era posible para ellos y con una emoción no contenida, preparabas un cuidado ritual con unos zapatos en los que vertías unos pocos granos de trigo…todo ello como colofón a un arduo trabajo de corrección del comportamiento en las últimas semanas que diera como resultado ver cumplidos unos deseos que ya habíamos escrito previamente.

Esa noche era difícil conciliar el sueño, ¡quién pensaba en dormir en una noche como esa! Tantas emociones y sin embargo el tiempo transcurría con tal lentitud que en ese duermevela teníamos la impresión de haber visto unas sombras junto a la ventana…divina inocencia. Magnífico era el despertar, qué grandioso comprobar que, en su ilimitada memoria, podían recordar lo que cada uno de nosotros habíamos pedido de su magnanimidad y, aún más, tener tiempo para escribirnos pidiendo disculpas por no haber conseguido traer aquel nimio detalle que se nos había ocurrido justo en el momento de cerrar la carta…

Cuando abandonas el país de la ilusión una vez superada la edad de la magia ya no escribes misivas exponiendo tus deseos porque ellos ya no las reciben, quizás el cartero olvide entregárselas, ya no te importa abandonarte al sueño porque el amanecer no depara sorpresas, ya nadie te ha dejado unas letras explicando por qué ha roto tus ilusiones…por eso este año no he cambiado un ápice mi actitud y, lógicamente, me han traído carbón…

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