Lorca en el corazón

Si no hace mucho partía mi corazón entre Japón y Haití, países de los que aún recibimos tristes noticias, esta semana la furia de la tierra alcanza el nuestro. Una tarde engañosamente parecida a otras, mientras que los lorquinos agotan las últimas luces del día, un estruendo siembra el terror en sus almas. En esos segundos que duran eternidades, miles de habitantes anónimos contemplan con estupor cómo, en todo o en parte, el fruto de su trabajo, la razón de sus esperanzas e incluso fragmentos de sí mismos, se pierden en el caos del seísmo. El daño en el tesoro artístico es irreparable, el infringido al tesoro humano, también.

Observas las imágenes y sientes que Lorca aún no ha despertado de su pesadilla. El terror es un compañero de viaje difícil de desligar y la gente allí aún no ha concluído ese trayecto. La angustia sigue ubicada en sus rostros y la tristeza en sus miradas. La tierra ha marcado sus vidas y el tiempo hará desvanecer la huella pero no el recuerdo de ese día. La luz volverá a Lorca y, sin lugar a dudas,podremos encontrar la mejor manera de guiar su regreso.

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