Las puertas abren hacia afuera

Recibí tu correo mientras la rutina ganaba segundos de mi vida y el tedio sentaba precedente en lo cotidiano. La ilusión es una virtud que pocas veces resulta gratuita y, sin embargo, es tan sencilla de perder, por uno mismo o en manos de algún desalmado.

He pasado de sobrevivir en una gran urbe a un calmado edén, me decías, y hasta los silencios son plenos porque las palabras son únicamente accidentes en el camino que me une a su corazón. Me miró y quedamente me dijo ¿vienes a casa?, continuabas, y en ese momento sus ojos me mostraron la luz que señalaba el fin de mi laberinto y le seguí…

Sentí mi rostro humedecerse con tu alegría, hice mía la emoción que impregnaste en tus palabras e imaginé por un instante que esa sonrisa, que tan bien conocía, me la dedicabas a mí. Vivía en un mundo mítico, insistías en tu correo, donde casi nada parecía ser real hasta que sus manos se fundieron en mi terciopelo y sus ojos en mi alma. Casi podía palpar tu júbilo…

Mi respuesta, contabas, fue afirmativa y he unido mi rumbo al suyo para surcar el mar de la esperanza. Esa travesía nos ha traído al país que le vio nacer, una tierra de verdes campos y casitas rojas donde las puertas abren hacia afuera y los corazones hacia adentro.

A Raquel

3 comentarios en “Las puertas abren hacia afuera”

  1. Desde el fondo de mi corazón estas palabras son para vosotros. Como ya te dije, he traído tanto y tan bueno de ese viaje que no puedo por menos que escribirlo

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