La visita de la rutina

Habitáis el mismo lugar pero no compartís nada. Los sentimientos están prohibidos y se miden escrupulosamente los gestos de ternura. ¿Dónde quedó la sonrisa? De una manera mecánica llegáis al lecho, ocupáis vuestro territorio, insalvable ya en distancia, y no os atrevéis a cruzarlo.

Cuando la luz se apaga, aprietas con fuerza los párpados en un vano intento de forzar un sueño que no llega y comienza la agonía que sólo el alba alivia. ¿En qué momento acabó el nosotros? Quizás un día, tras recibir la visita de la rutina, os dejasteis seducir por ella, quizás el sedoso tacto de sus labios ya no era la necesaria meta de tus cálidos dedos.

La esperanza fluye en tu mundo onírico, pero ese torrente que llega a ser río no desemboca en ningún mar; no conduce a puerto la nave donde resguardaste el corazón. Una desagradable sensación punzante dibuja un gesto de dolor en tu rostro, inspiras profundamente buscando un remedio para tu mal.

Nadie a tu alrededor comparte la terrible experiencia que sesga tu insomne noche. Nuevo intento de cerrar los ojos, sólo cuando te prometes que mañana será el último día que regalarás a quien no entiende de futuro, quien malgasta el presente mientras éste sucede ante sí, el sueño te alcanza.