La velocidad

Si pienso en los acontecimientos que he tenido la oportunidad de vivir, esos que luego encontraré en los libros y en la red, resulta realmente sorprendente. Empezando por el fin de la dictadura de Franco hasta los conflictos de Iraq y Afganistán, encuentro un listado que, comparado con otros momentos pasados, resulta impresionante. El problema radica en que cualquier acontecimiento parece necesitar de la presencia de las cámaras para existir y son éstas las que lo convierten en universal y, me atrevería a decir, cotidiano, morbosa y terriblemente cotidiano. Alguna vez he intentado enumerarlos: la llegada de la democracia a España y de un primer gobierno socialista desde la 2ª República, el golpe del 23-F, el brevísimo y oscuro pontificado de Juan Pablo I, la caída del Muro de Berlín con la subsecuente reunificación germana, el fin de la Guerra Fría y la desmembración del gigante soviético, la retransmisión de una guerra en el saloncito de tu casa, el segundo avión de las Torres Gemelas de Nueva York en riguroso directo, la llegada a la presidencia de los USA de una persona negra, el surgimiento de la más escalofriante enfermedad en muchos siglos: el Sida, la desenfrenada carrera tecnológica y la estupidez sin límite de pensar que nuestra forma de vida (y sobre todo de consumo) es sostenible, pero esto es otra historia…
Si pienso en lo que hasta ahora me ha tocado vivir, resulta escalofriante pero en realidad no se si el futuro lo será menos… y mientras acabo el texto, la gente se lanza a las calles en Túnez, Egipto y Yemen, algo está cambiando a nuestro alrededor…