La ineludible y elegida soledad

Pasan los días uno tras otro, raudos como trenes, vacíos de falsos sentimientos y repletos de emociones contrapuestas. Cuando ya no se ansía encontrar nada, porque nada se espera, uno parte en busca de rincones soleados y brisas tranquilas para reconciliarse, cual juego de estrategia, con la ineludible y elegida soledad. Y es entonces cuando se descubre que no se está solo.

12 comentarios en “La ineludible y elegida soledad”

  1. me recuerda el libro y comic «el corazon de las tinieblas» vivimos igual q soñamos: solos.
    Muy bueno el texto y muy buena consejera esa soledad (a veces, no?)

  2. Q agradable sensacion me ha quedado al leerte con esa melodia sonando. ….Como si me hubiera llegado la tibieza de esa «soledad soleada».
    La sensacion de una soledad acompañada, ser uno , solo, y a la vez parte de un todo.
    Precioso.

  3. …y pasarán los días, así, muy lentamente,
    mañana no habrá nunca,
    ni después, ni final.

    El carrusel del tiempo
    surgirá nuevamente,
    y con él, el hastío
    de volver a empezar.

    Construir sin cimientos
    para seguir viviendo,
    partir de un punto, ”cero”
    comenzar a trazar.

    …y aquello que sentimos,
    sin sentir, hoy seremos,
    y lo que nunca fuimos,
    ya no será jamás.

    Preciosa fotografía Angel, tan sugerente y bien acompañada de esta bella música de la película Orlando. Y… que decir de Sally Potter, después de verla bailar junto a Pablo Verón en el film interpretado y dirigido por ella misma en “La lección de tango”, donde la sensualidad del baile se transforma en un dialogo amoroso en el que los silencios nos cuentan lo que las palabras no saben.

  4. Uno elige la travesía del desierto para reconciliarse consigo mismo -ante todo- y para discernir sobre aquello que nos resulta superfluo para seguir viviendo en paz con el yo interior.

    Realmente, pese a la elección de esa soledad, muchas veces necesaria, nunca estamos solos porque los buenos y verdaderos amigos (que, como las flores raras, suelen ser muy pocos) siempre estuvieron y estarán ahí, esperándonos, porque la elección fue mutua y su incondicionalidad nunca nos fallará. Es por eso que, pese a todo, descubrimos que no estamos tan solos como creímos.

    «En la soledad es cuando estamos menos solos» (lord Byron)

  5. Sólo es una cuestión de actitudes.

    Cuando la soledad se escoge para reencontrarnos en ella y se convierte en un periodo de reflexión, puede ser siempre fructífera y propiciará el cambio para que la vida siga fluyendo bien cada día.

    Cuando la convertimos sólo en una huida de nosotros mismos y de lo que nos oprime, culpando sólo a nuestro entorno y no asumiendo nuestra parte de responsabilidad en lo que nos acontece, nos puede pasar lo que decía Kavafis en su poema La Ciudad, porque allá donde vayamos siempre nos llevaremos a nosotros mismos:

    Dijiste: «Iré a otra ciudad, iré a otro mar.
    Otra ciudad ha de hallarse mejor que ésta.
    Todo esfuerzo mío es una condena escrita;
    y está mi corazón -como un cadáver- sepultado.
    Mi espíritu hasta cuándo permanecerá en este marasmo.
    Donde mis ojos vuelva, donde quiera que mire
    oscuras ruinas de mi vida veo aquí,
    donde tantos años pasé y destruí y perdí».
    Nuevas tierras no hallarás, no hallarás otros mares.
    La ciudad te seguirá. Vagarás
    por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo
    y en estas mismas casas encanecerás.
    Siempre llegarás a esta ciudad. Para otro lugar
    no esperes
    no hay barco para ti, no hay camino.
    Así como tu vida la arruinaste aquí
    en este rincón pequeño, en toda tierra la destruiste.

  6. Y os querré
    y me sentiré bien
    al sentiros parte
    de esta vuestra casa,
    amigos, amigas,
    conocidos y desconocidos.
    Vuestras palabras,
    los versos que dejáis aquí publicados
    y todo aquello que leo entre líneas
    en lo que decís,
    todo,
    forma ya parte de vuestra casa giratoria.

  7. Se puede estar solo en cualquier parte. Sólo hay que proponérselo y entrenar mucho, para poder hacerlo siempre que se necesite…

    No olvido que no hay peor soledad que aquella que transcurre en compañía…

    Aunque no quiero acordarme.

  8. nunca estamos solos, la soledad es maestra, protectora, rica y creadora, nos enseña a conocernos, sólo basta con buscarla y encontrarla a tiempo.

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