La ineludible y elegida soledad

Pasan los días uno tras otro, raudos como trenes, vacíos de falsos sentimientos y repletos de emociones contrapuestas. Cuando ya no se ansía encontrar nada, porque nada se espera, uno parte en busca de rincones soleados y brisas tranquilas para reconciliarse, cual juego de estrategia, con la ineludible y elegida soledad. Y es entonces cuando se descubre que no se está solo.