La doctrina del «shock» (Michael Winterbottom y Mat Whitecross, 2009)

La doctrina del shock
La doctrina del shock

El documental La doctrina de shock está basado en un ensayo teórico de Naomi Klein publicado con el mismo título, y tiene mucho que ver con los primeros conceptos que introdujeron los Estudios Culturales a la hora de señalar la relación entre representación, discurso audiovisual, violencia y miedo. Cuando Michael Winterbottom y Mat Whitecross leen el ensayo, piensan que lo más interesante sería plasmarlo en imágenes. Para ello, ilustran los ejemplos de represión que se citan en el ensayo para introducir el capitalismo en algunas zonas de Latinoamérica u Oriente Medio. Según Naomi Klein, «el propósito de la doctrina del shock es contar una historia alternativa de cómo esa oleada salvaje de capitalismo puro e incontrolado que estamos viviendo llegó a dominar el mundo». El documental se sirve de imágenes de archivo, voz en off, entrevistas y recursos que ilustran la tesis de la doctrina del shock que defiende Klein: «nos han contado un cuento sobre cómo estas medidas radicales han triunfado en el mundo; que no se han propagado de la mano de la libertad y la democracia sino que han requerido shocks, crisis y estados de emergencia. Milton Friedman entendía la utilidad de las crisis. Solo una crisis, real o percibida, produce auténticos cambios. Cuando esa crisis sobreviene, las medidas que se toman dependen de las ideas que flotan en el ambiente».

El documental combina de manera crítica una serie de imágenes que forman parte de nuestro imaginario colectivo, dejando entreabierto un espacio abierto de libertad para que el espectador/a construya su propia interpretación crítica. Una de las estrategias del discurso documental crítico es la confrontación continua de material. La propia narración se realiza por bloques, analizando conceptos de forma acumulativa. La doctrina del shock, por ejemplo, es un concepto teórico que se apoya en un imaginario colectivo necesario para hacerlo tangible y real. Así, la estructura del filme está formada por bloques conceptuales:

Introducción. En 2008, Naomi Klein acude a la Universidad de Chicago para hablar sobre Milton Friedman. Esa conferencia actuará de eje articulador durante toda la película, sirviendo de nexo de unión del resto de bloques temáticos.

El otro doctor Shock. Se sitúa en los años 50, cuando Ewen Cameron realizaba sus experimentos psiquiátricos en Montreal. Simultáneamente, Milton Friedman, economista de la Escuela de Chicago, desarrollaba sus teorías sobre las terapias de shock económico para forzar a las sociedades a aceptar un capitalismo más puro y desregulado.

El primer test. Chile desarrolla la aplicación de las técnicas de Friedman en Chile y cómo sus seguidores aprendieron a explotar un shock o crisis a gran escala. Varios estudiantes chilenos provenientes de la Escuela de Chicago trasladan las ideas a su país y redactan un programa económico de 500 páginas llamado «El ladrillo» que será puesto en marcha tras el golpe de Estado de Pinochet.

El shock de la guerra. Tras la puesta en marcha de «El ladrillo», miles de opositores fueron detenidos, encarcelados y torturados.

El shock económico. Aprovechando el estado de shock de la población, Pinochet impuso las impopulares medidas económicas recomendadas por sus «Chicago Boys». Friedman reconoció abiertamente la importancia del experimento chileno y «utilizó una expresión que nunca se había utilizado en el contexto de una crisis económica mundial. Exigió un tratamiento de shock. Dijo que él era como un médico que iba a curar a un país asolado por una epidemia y, simplemente, recetaba el remedio». Para poder imponer estas técnicas se hizo necesario sembrar el miedo hacia un enemigo. En este caso, Pinochet eligió al marxismo, refiriéndose a él como «un fantasma: cuesta mucho tomarlo. Mejor dicho, no se puede tomar».

La revolución se propaga. Un golpe militar derrocó al gobierno argentino en 1976 y los «Chicago Boys» ocuparon importantes cargos económicos en el nuevo gobierno militar. Argumenta Naomi Klein que «estos primeros experimentos en Latinoamérica plantearon a Friedman y a sus acólitos un serio problema ideológico. Friedman había prometido que sus medidas no solo enriquecerían aún más a la élite, sino que crearían la sociedad más libre posible, que aquella era una guerra contra la tiranía, que el capitalismo y la libertad iban juntos. Sin embargo, vemos que en los 70 los únicos países que ponían en práctica esas ideas eran dictaduras militares. Nixon había dado todo su apoyo a la imposición de ese liberalismo brutal por parte de las dictaduras sudamericanas».

La Escuela de Chicago y el mundo anglosajón. La llegada de Margaret Thatcher al poder en 1979 y el triunfo electoral de Ronald Reagan poco tiempo después situaron a Gran Bretaña y Estados Unidos nuevamente en manos de los descendientes de la Escuela de Chicago, que llevaron a cabo una serie de privatizaciones masivas del sector público, financiero y bancario que se denominó Big Bang, allá por 1986.

Más allá del telón de acero. La caída de la Unión Soviética abrió a Friedman y los «Chicago Boys» las puertas de todo un mundo nuevo. La Unión Soviética se había disuelto provocando un shock profundo para el pueblo ruso, que fue aprovechado para introducir el libre mercado en Rusia, con la connivencia de occidente, que puso su influencia al servicio del nuevo presidente.

Un nuevo enemigo. El 10 de septiembre de 2001, Rumsfeld expuso sus planes para privatizar el ejército de Estados Unidos. El antiguo enemigo a temer era la Unión Soviética. Ahora había un nuevo enemigo: la burocracia del pentágono. Al día siguiente, el vuelo 77 de American Airlines se estrelló en el Pentágono y mató a 184 personas.

El shock del 9/11. El tremendo shock que provocó el 11S en la población vino acompañado por una serie de nuevas teorías sobre un choque de civilizaciones, la existencia de un eje del mal y una nueva guerra contra el terrorismo. La industria de la seguridad y la guerra creció con una nueva economía basada en el miedo: el capitalismo del desastre.

La guerra contra el terrorismo. Es el momento de la guerra de Afganistan y la prisión de Guantanamo. Para Naomi Klein «era un mensaje para todo el mundo. Un mensaje muy claro: esto es lo que te pasa si te interpones en nuestro camino». En la guerra contra el terrorismo le llega el turno a Iraq, el país con la tercera mayor reserva de petróleo del mundo.

La guerra como tortura de masas. Naomi Klein cuenta en su conferencia cómo en Iraq se utilizaron tres formas de shock distintas que actuaban a la vez y se complementaban entre sí. Estaba el shock de la guerra, seguido de inmediato por la terapia de shock económico y, como la resistencia a esa transformación económica, a ese shock económico rápido iba en aumento, se aplicó el shock de la represión y la tortura».

El shock económico. Paul Bremer (enviado presidencial de Estados Unidos a Iraq) era experto en capitalismo del desastre y dedicó los primeros cuatro meses a aplicar medidas clásicas de la Escuela de Chicago.

El shock de la represión. En prisión interrogaban a los detenidos con técnicas derivadas de las que ideó la CIA basándose en los experimentos realizados por Cameron en los años 50. Aunque el caos que reina en el país pueda parecer un fracaso de la terapia de shock, en Iraq, el capitalismo del desastre ha florecido. El desastre en sí era una buena oportunidad para hacer negocio.

El negocio de la guerra. La guerra de Iraq ha sido el conflicto más privatizado de la historia contemporánea, pese a que Milton Friedman había afirmado que «lo único que no privatizaría son las fuerzas armadas, los tribunales y algunas carreteras y autopistas». Del mismo modo que la terapia del shock de Cameron dejaba a los pacientes confundidos y deshechos, los múltiples shocks infligidos a Iraq dejaron al país a un estado de anarquía y violencia sectaria.

Un mundo de zonas verdes y zonas rojas. Catástrofes como el huracán Katrina en Nueva Orleans o el tsunami de 2004 en Sri Lanka permitirán el saqueo sistemático del sector público después del desastre, ya que la población está demasiado ocupada haciendo frente a la emergencia.

El fin de una era. Argumenta Naomi Klein que «nos encontramos ante una transferencia de riqueza de proporciones incalculables. Se está transfiriendo riqueza del sector público (…) a manos de las empresas y los individuos más ricos del mundo. Huelga decir que son los mismos individuos y empresas responsables de la crisis. (…) Esta crisis está claramente considerada por casi todo el mundo un resultado directo de esta ideología concreta de la desregulación y la privatización. (…) La doctrina del shock como estrategia solo funciona si no sabemos que existe. (…) Otra razón para recordar la lucha social es que nos dice algo muy importante, algo que debemos recordar en estos momentos en que nos jugamos tanto. Nos enseña que si queremos políticas contra la crisis que hagan de este mundo un sitio más sano, justo y pacífico, tendremos que salir ahí fuera y obligarles».

El pueblo debe impedir que borren su narrativa y su hegemonía cultural, un ejercicio que los «Chicago Boys» han puesto en práctica desde la década de los 50 hasta nuestros días. Para ejecutar los tratamientos de shock ha sido necesario construir un nuevo imaginario colectivo. El documental actúa como un discurso audiovisual cuyo fin es hacer una crítica a los códigos de ideología dominante relacionados con el poder, el miedo y la idea de construcción de la violencia. Los medios de comunicación juegan aquí un papel importante en el reforzamiento de ese miedo y en la pérdida de la hegemonía cultural de la población. Hemos conocido las realidades del siglo XX a través del discurso mediático. Es por ello que el capitalismo del desastre viene reforzado por el apoyo que recibe de los discursos audiovisuales para conformar imaginarios colectivos de emergencia. Un imaginario colectivo mediático es algo latente en todos nosotros que se ha producido mediante imágenes que implican a nuestra memoria. Tanto es así, que el propio concepto de democracia ha sido y sigue siendo desvirtuado al asociarlo con el capitalismo como única combinación posible. Las similitudes entre pasado y contemporaneidad son asombrosas.

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