La dictadura de la falsa felicidad

Me ronda la idea de la negatividad en contraposición con lo que denominamos “búsqueda de la felicidad”, en un sentido positivo. Desde que empezamos a tener uso de nuestra consciencia, en nuestra más tierna infancia, somos sometidos a un proceso de búsqueda y anhelo de lo que nos hace sonreír y nos provoca bienestar. Tanto es así que acaba convirtiéndose en motivo y meta vital, siendo despreciado todo cuanto nos aleje de nuestro propósito. Palabras como placer, satisfacción, acción o alegría caen sobre nosotros como losas insalvables, necesarias según nos han contado. Y no es que debamos renunciar a ellas, no es eso lo que quiero transmitir. De hecho, despreciarlas implicaría caer a ojos del mundo en un proceso de abatimiento que necesita ser solucionado a toda costa.

Vivimos ya en lo que nuestros padres denominaron “futuro”, donde todo el mundo tiene la obligación de sonreír, no ya en los medios de comunicación que nos bombardean con ello a todas horas, sino también en nuestras relaciones laborales y sociales, en nuestra vida privada. Sonríe, es gratis; sonríe, aunque no te apetezca, para que no nos preocupemos por ti, sonríe.

La dictadura de la falsa felicidad que sufrimos no tiene precedentes en la historia de la humanidad. Han borrado la belleza que en extintas civilizaciones se otorgaba a otros sentimientos, como la griega “melankholia”, también humanos y lícitos, que partían del lado negativo de las cosas.

Ambos puntos, positivo y negativo, se necesitan mutuamente en igualdad de condiciones para ser posibles. Si no es así, el desequilibrio emocional está servido y queda abierta la caja de los truenos en nuestro interior, con resultados impredecibles.

Reivindico el derecho a la negatividad, porque el otro, el derecho a la positividad, no necesita de reivindicaciones. Pero cuidado, porque esa falsa alegría que nos permiten, nos muestran y nos exigen no es más que una sombra, una falsa ilusión. No es posible que sea cierta si no alberga detrás una consciencia negativa de ella, al igual que no es posible el día sin la noche. Si pudieran también borrarían la noche, pero no pueden. Las personas somos más manejables que las leyes del universo.

2 comentarios en “La dictadura de la falsa felicidad”

  1. ser feliz es posible ….yo tambien soy consciente, me cuesta poco sonreir .) no es ninguna mascara que utilice … cada dia me pregunto de donde sale esa negatividad que me acompaña siempre?

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