Junto al agua

Es emocionante cuando alguien te regala un poema, sea suyo o no. Tan emocionante me resultó recibir estos versos de Eugénio de Andrade que no me resisto a que queden aquí grabados, a sangre y fuego, para no olvidarlos.

He estado sentado en esta piedra
escuchando, por decirlo así, el silencio.
O en el lago caer un hilillo de agua.
El lago es el estanque de aquella edad
en la que no tenía el corazón
herido. (Porque el amor, perdona que lo diga,
¡duele tanto! Cualquier amor, incluso el nuestro,
tan hecho de privaciones.) Estoy donde
siempre estuve: tan cerca de ser agua.
Envejeciendo en el rumor del caño
por el que tan sólo corre el silencio.

Eugénio de Andrade, Todo el oro del día