Indígnate tú también

Al comentar la velocidad de los acontecimientos que se originaron en el siglo pasado, de la magnitud de los sucesos que nos ha tocado vivir hablaba de aquellos que de forma pasiva hemos observado cómo sucedían en otro momento u otro país. Posiblemente no éramos conscientes de la importancia de los mismos y de la impronta que en nuestra historia reciente estaban dejando.

La evolución de los mismos ha ido íntimamente ligada al desarrollo de formas de comunicación alternativas a las habituales, las cuales son en sí mismas inicio y base de esa revolución. Su influencia ha quedado más que patente en las últimas protestas surgidas en países árabes.

Siempre se ha dicho que España no es un país con tradición asociacionista y posiblemente sea cierta esta afirmación. Lo más preocupante no era tanto la ausencia de este tipo de movimientos como la dejadez social ante cualquier tropelía por muy descabellada que ésta fuese.

Para sorpresa de todos, me incluyo en esto, un numeroso grupo de personas, predominantemente jóvenes, esos a los que tanto se les ha tachado de pasotismo, haciendo uso del poder que retorna al individuo con las mencionadas nuevas formas de comunicación, se han plantado en calles y plazas para exigir las riendas de su vida y su futuro, una auténtica libertad y una democracia real.

Alejados de todo partidismo, esas metas se presentan como consecuencia lógica del deterioro de la imagen política en este país y este movimiento como un hálito de vida de una sociedad que creíamos carente de toda sensibilidad e inquietud. No puedo por menos que estremecerme al contemplar a toda esa gente en la calle, emocionarme cuando he estado con ellos y, como no, suscribir su manifiesto por una democracia real.

Si nuestra sociedad se mueve, debemos movernos con ella.

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