Ese mágico lugar

A veces me sorprendo a mí mismo contemplando absorto ese mágico lugar donde guardas la ambrosía con la que cada día me deleitas y una sutil complacencia acude a mi encuentro. Cuando sucede así, el vital músculo me delata y no puedo evitar que parte de mi esencia brote al exterior de mi ser, esbozo mi mejor rostro y acudo al abrigo de tu rada, allí donde los vientos del desaliento no nos alcanzan, donde no precisamos verbo para nombrar el mar, donde se halla nuestra empírea morada.

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