El placer de andar

Andando se ven mejor las formas y los contornos, los colores, el paisaje. Se respira mejor, se aprecia el detalle.

Sólo quiero andar por caminos de lluvias amarillas como única patria, ajeno a un mundo que nunca me incluyó en su totalidad. Yo vivo otros mundos, los recorro largo y tendido, aprendiendo en sus detalles y en su lejanía. Estos mundos no participan de leyes escritas ni concepciones acerca de modos establecidos de ver.

Mis caminos, tan poco transitados, son pedregosos para quienes se alejan de ellos, pero no saben lo intenso que resulta andarlos.

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