El origen de un verso

Sigo mis pasos que me conducen a través de la noche, me detengo y con parsimonia deshago los lazos que me separan de la cálida arena de septiembre, la noche acude a su cita cada vez más temprano, anhelando el otoño que está por llegar, la tristeza de un verano que alcanza su fin no parece conmoverla.

Sucede que la noche es mi cómplice pero sólo el estío llegó a mi corazón.

Con cuidado mi índice recorre la recóndita parte de mi piel donde guardo tu recuerdo, aún siento el terciopelo de tus labios sobre los míos mientras nuestros luceros soñaban con la eternidad del fugaz momento, y una delicada perla se desliza por mi rostro… como la noche que anduvimos por la orilla de nuestro deseo, también en la de hoy es el mar con generosa suavidad quien acaricia mis sentidos, le miro y me dejo querer.

¿Alguna vez te conté que ese azul transformado en procelosa negrura inspiró tu poema?

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