El mundo virtual

Inesperadamente, un encierro. El mundo artificial dispuesto a tornarse real. Todo el caos acumulado durante años pide a gritos un descanso, una reordenación que puede ser posible con la intervención de la creatividad más absoluta, aquella que ha de ser responsable de la construcción, una vez derrumbados hasta sus cimientos todos los días de todas tus vidas. Imagina todas estas paredes vacías que te rodean, despojadas de todo lo superfluo e innecesario que hasta ahora pendió de ellas. Lo único invariable ha sido tu silueta, deambulando a lo largo y ancho de unos pocos metros que te suplican atención. Microcosmos. Desaparece sospechosamente un miedo al tiempo pasado, presente, futuro, que corta de raíz toda posibilidad de transformación y, con ello, toda esperanza de creación.

Soledad: esa es la palabra, la meta, el deseo, la intención de superar el miedo a ella. Soledad elegida como opción, en ningún caso impuesta si no se quiere que sea así. Conoce tu soledad, una de las pocas cosas que todos tenemos y que nos son más propias; el miedo más profundo, dueño de todos los actos, verdugo de la acción. La virtualidad de tu nuevo mundo ha de convertirla en principio motor de una nueva creación, cuya fertilidad crecerá proporcionalmente a ella.