El faro

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Cuando anochece suelo asomarme a la terraza y mirar al faro encendido, con su rayo de luz giratoria de aviso a navegantes. Yo, que soy marinero en tierra, disfruto igualmente de la señal luminosa. Sé que el cabo está ahí mismo, cerca de mi ventana, y eso me da el punto de estabilidad para saber dónde estoy exactamente. El faro es mi guía nocturno, con su poética luz reflejándose en los ojos.

Esta noche salgo a la terraza, como tantas otras noches, me apoyo en la barandilla y clavo mi vista en el faro. Entonces respiro un poco mejor, dejo mi mente en blanco y sólo atiendo a la línea luminosa que desprende y llega hasta mí en intervalos regulares. Es bonito dejar que la noche caiga, sentir el viento marino golpeando mi piel y mirar el rayo de luz una vez más. Sólo entonces siento ese bienestar propio de cuando se está a salvo.

8 comentarios en “El faro”

  1. Suerte de vivir en semejante lugar, con todo el horizonte a tu disposición. Imagina vivir en la ciudad, en un apartamento rodeado de pisos…

  2. Recuerdo esta imagen y estas palabras. 🙂
    Preciosa vista la que tienes! Si que se ha de respirar bien en esa terraza!!!
    «El bienestar propio de cuando se esta a salvo…», hermosa sensacion.
    Besosss

  3. Curiosamente fue hace bien poco (hará cosa de 2 o 3 semanas) que estuve junto a ese faro de la foto (si es el que yo creo que es, que parece que si), eso sí, pasar cerca de camino a La Manga más de una vez… y de dos… y…

    Un blogabrazo y bonita foto.

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