El discurso de tu tiempo
detiene su rumbo en mis labios,
alcanza soñados cielos,
dibuja en tu boca geranios,
escapa entre tus dedos,
mágico quinario.
Sigo esperando con celo,
aquel divino presagio,
fuente de todo deseo,
alimento diario,
colmado de besos,
de un amor no ordinario,
augurio cierto,
de paraísos mágicos.

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