“El Antropólogo Inocente”, de Nigel Barley

Cuando me dispuse a leer el libro de Nigel Barley, El antropólogo inocente, pensaba que sería un estudio antropológico exagerado hasta la comedia para atraer al gran público. Me equivoqué. Es un libro que cuenta una experiencia maravillosa desde una perspectiva absolutamente realista. La gracia está precisamente en la realidad del choque cultural que se produce cuando un occidental, que podemos ser cualquiera de nosotros, se introduce en un mundo ajeno al suyo en prácticamente todos los sentidos. Es difícil encontrar en un libro tal cantidad de situaciones divertidas, sobre todo tratándose de una monografía antropológica. Barley se introduce en el mundo de los dowayos y logra crear una verdadera historia, cálida de principio a fin, describiendo una seria de personajes hasta hacerlos entrañables para el lector.

Es verdad que el libro es un trabajo de campo, o al menos ese era el propósito de Barley cuando marchó a Camerún, pero el desarrollo es completamente atípico. Son aplicados los pasos convenientes en un principio, pero llega un momento en que los esquemas se rompen para dar paso a la improvisación sobre el terreno. Elige la comunidad que quiere estudiar; una vez allí, se identifica y es identificado, requiriendo de la figura de su ayudante Matthieu para introducirse. Es él quien le ayuda con la complicada lengua dowaya. A pesar de encontrarse con un pueblo relativamente receptivo y ser muy bien acogido, no se libra del inevitable shock cultural. Una vez superado éste, tampoco se puede decir que se integre plenamente. Como decía H.M. Velasco en un artículo sobre el trabajo de campo, “la integración total en una comunidad es un mito, (…) lo más que se logra es la condición de nativo marginal”, y esto último es lo que consigue Barley con los dowayos, que no es poco.

El concepto occidental de amistad, tan diferente del que se describe en este libro, hace que Barley, al regresar a Inglaterra, vea a todos sus amigos con otros ojos, exigiéndoles comportamientos que antes de su viaje no se hubiese planteado. Y es esclarecedora su reflexión sobre lo poco imprescindibles que somos en ningún sitio. Después de un tiempo de ausencia descubres que todo sigue igual, ha seguido funcionando sin ti. Quizás lo más cierto es que somos nómadas que no pertenecemos a ninguna parte, y allá donde nos encontremos, ese será nuestro lugar en el mundo.

Nigel Barley
El antropólogo inocente

Anagrama – Crónicas
Barcelona, 2002

1 comentario en ““El Antropólogo Inocente”, de Nigel Barley”

  1. Este tipo de lectura siempre nos abre la mente,nos hace ver que nuestra perspectiva no siempre es la más adecuada; nos hace ser un poco más cosmopolitas y que miremos menos nuestro propio ombligo. Parece bastante interesante. Gracias por la reseña.

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