Dos lunas

Visto así, qué promiscuo resulta todo desde una distancia que torna en infundada a toda opinión. Pero me gusta esa posición tuya de mera observación a través de una minúscula ventana orientada a mi vida marginal, la más caótica y desordenada. No entres, por favor, no entres y sigue en tu puesto de vigía, con los sentidos atentos ante una inminente emergencia, por si es necesario actuar.

De lo que ves por esa ventana, nada te creas, pues nada es perdurable, nada es eterno, apenas momentáneo, a veces divertido… Y se juega a no ser, a parecer, a intuir sobre mantos de seda tantos caracteres, deseos e infelicidades, que el juego se torna a veces peligroso cual ruleta rusa sobre el corazón. Pero, ¿qué es nuestra vida sino poner los sentimientos en peligro? ¿Qué vida, de línea impredecible por definición, puede seguir invariable una órbita constante e inmutable? ¿Qué hay más cercano a eso que la propia muerte?

Demasiado tremendas, en fin, mis palabras para describir algo tan mundano y desangelado. Demasiado antagónicos ambos mundos, mis dos mundos, para abrazarse en un solo texto. No puede ser, el cerebro me da vueltas en la cabeza, el bolígrafo se me clava en los dedos, el papel se torna inacabable.

Queda como tarea ineludible entrar por separado en cada uno de mis mundos, uno contingente, otro tan cierto como que te estoy escribiendo… ¿o quería usar otro verbo?