De este mundo y del otro

Con prisa y tropezando saldrá de un mundo en el que nunca debería de haber entrado. Busca la salida tan desesperadamente que difícilmente llegará a comprenderlo alguna vez.

Supongo que saldrá, que sólo es cuestión de que se lo proponga con firmeza. Pero el limbo que le espera es peor que el mundo del que quiere escapar y del otro, al que nunca podrá entrar porque no es el suyo; bien lo sabe.

Cuando alguien se queda en el limbo, que ni a un mundo ni al otro pertenece, se dice que acaba de entrar en su propio infierno. Y aunque pueda parecer que me siento afectado al escribir estas líneas, no lo estoy más que aquel que se queda descansando después de quitarse una molesta mosca de encima, esto es, mucho más tranquilo.

4 comentarios en “De este mundo y del otro”

  1. ¿Y por que en lugar de quedarse en el limbo no crear otro mundo donde habitar…?

    Me gusta como la imagen parece ser creada a proposito para el texto.
    Besos 🙂

  2. creo que en ocasiones todos nos perdemos en el limbo o incluso nos perdemos en nuestro infierno particular; siempre que se sea consciente de donde se está y de que sólo depende de uno seguir adelante, la experiencia puede pasar de ser terrible a enriquecedora, te puede anular o servir de trampolín para llegar a una meta complicada…uno mismo

    un saludo

  3. Buenos días… buenas noches…

    Sugerente y preciosa fotografía…

    No se si en algún momento, conoceremos el limbo, yo por el momento, miro a la luna.

    Aquí os dejo un poema de Jaime Sabines, en esta ocasión completo:

    La luna se puede tomar a cucharadas
    o como una cápsula cada dos horas.
    Es buena como hipnótico y sedante
    Y también alivia
    a los que se han intoxicado de filosofía.
    Un pedazo de luna en el bolsillo
    es mejor amuleto que la pata de conejo:
    sirve para encontrar a quien se ama,
    para ser rico sin que lo sepa nadie
    y para alejar a los médicos y las clínicas.
    Se puede dar de postre a los niños
    cuando no se han dormido,
    y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
    ayudan a bien morir.

    Pon una hoja tierna de la luna
    debajo de tu almohada
    y mirarás lo que quieras ver.
    Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
    para cuando te ahogues,
    y dale la llave de la luna
    a los presos y a los desencantados.
    Para los condenados a muerte
    y para los condenados a la vida
    no hay mejor estimulante que la luna
    en dosis precisas y controladas.

  4. Acertadísimos comentarios. A veces me siento como a quien le leen el pensamiento. Pero hay algo triste detrás de estas palabras: no saldrá del limbo conscientemente. Para algunas personas la vida es así de implacable. Yo me alegro de estar alejado de eso.
    Carmen, un poema precioso.

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