Cuando te marchaste, dejaste tras de ti abierta la puerta. Mi alma quedó sobrecogida con tu despedida, no importaba si la luz ya no atravesaba la ventana que tu indiferencia había lacrado, de nada servía ya si nuestro amor no sobrevivía a tus silencios. Cuando te marchaste, dejaste tras de ti la puerta abierta pero no la de tu corazón.