Cuando los veranos pasen veloces

Los veranos pasarán veloces
cuando la estrella del norte
se sitúe sobre la escarcha relajada
de sus noches empapadas en sudor,
y ya no habrá más pruebas ni retos,
ni símbolos del calor, sino abrumadores
detalles de una pared blanca
que no sabrá cuál es su función.

Los pájaros apenas tendrán tiempo
para una breve parada en la charca
cristalina como pasajero fulgor,
y los animales que despierten
después de cien noches de invierno
no se darán cuenta de lo ocurrido
al verse de nuevo enfrentados al sueño.

Cuando los veranos pasen veloces
no habrá más mar que el mismo mar
que nos seduce en todo instante ahora,
y en nuestras vacaciones estivales
habrá tantos días de sol como de nieve,
porque frío y calor no serán más
que dos caras de una misma moneda.