Magic

Si preguntáis por mí me encontraréis aquí,
disfrutando del tiempo que me queda por vivir.
Siempre procuré beber la vida intensamente,
disfrutando cada trago que me queda por vivir.

Respiré la vida como nadie más,
aprovechando el tiempo que me queda por vivir,
que lo mejor de nuestra vida aún está por ocurrir.

Todo el amor del mundo
lo derrocharemos tú y yo,
cada segundo del tiempo que nos queda por vivir,
que lo mejor de nuestra vida aún está por ocurrir.

Postfotografía: La imagen desconocida

El medio fotográfico ha ido cambiando a un ritmo sin precedentes en las últimas dos décadas. Ahora todos tenemos una cámara en el bolsillo o hay una en ciernes sobre nuestras cabezas lista para captar nuestra imagen. Así que el reto ya no es hacer la foto. En nuestro mundo saturado de imágenes, el desafío es qué hacer con todas ellas, y los fotógrafos están encontrando estrategias innovadoras para hacer frente al material fotográfico. Para los artistas-fotógrafos en este momento, una imagen es solo una plataforma, y llevan a la fotografía a lugares en los que nunca antes había estado.

Robert Shore (2012). Post-Photography: The Unknown Image. En Elephant, 13, 66

La primavera migratoria

El aire de la ciudad se caldea con el paso de los días. La primavera apenas parece haber sobrevolado las calles y, cual ave migratoria, se ha marchado rauda a tierras más templadas, al norte de mis sueños.

Asumo con paciencia y perseverancia el proceso de cambio; tiempo, espacio, vida, corazón. Nada me detiene una vez adentrado en el camino directo a la meta programada. No es la mística alineación de los planetas la que me guía, aunque bien lo parece. Es mi decisión, son mis actos secuenciados conscientemente los que provocan que la vida suceda.

La primavera ha provocado la floración. Yo me ocupo del resto, sin que la bonanza del verano alivie mi deseo desbocado de ser feliz. Porque se puede ser feliz en esta vida.

De este mundo y del otro

Con prisa y tropezando saldrá de un mundo en el que nunca debería de haber entrado. Busca la salida tan desesperadamente que difícilmente llegará a comprenderlo alguna vez.

Supongo que saldrá, que sólo es cuestión de que se lo proponga con firmeza. Pero el limbo que le espera es peor que el mundo del que quiere escapar y del otro, al que nunca podrá entrar porque no es el suyo; bien lo sabe.

Cuando alguien se queda en el limbo, que ni a un mundo ni al otro pertenece, se dice que acaba de entrar en su propio infierno. Y aunque pueda parecer que me siento afectado al escribir estas líneas, no lo estoy más que aquel que se queda descansando después de quitarse una molesta mosca de encima, esto es, mucho más tranquilo.

La dictadura de la falsa felicidad

Me ronda la idea de la negatividad en contraposición con lo que denominamos “búsqueda de la felicidad”, en un sentido positivo. Desde que empezamos a tener uso de nuestra consciencia, en nuestra más tierna infancia, somos sometidos a un proceso de búsqueda y anhelo de lo que nos hace sonreír y nos provoca bienestar. Tanto es así que acaba convirtiéndose en motivo y meta vital, siendo despreciado todo cuanto nos aleje de nuestro propósito. Palabras como placer, satisfacción, acción o alegría caen sobre nosotros como losas insalvables, necesarias según nos han contado. Y no es que debamos renunciar a ellas, no es eso lo que quiero transmitir. De hecho, despreciarlas implicaría caer a ojos del mundo en un proceso de abatimiento que necesita ser solucionado a toda costa.

Vivimos ya en lo que nuestros padres denominaron “futuro”, donde todo el mundo tiene la obligación de sonreír, no ya en los medios de comunicación que nos bombardean con ello a todas horas, sino también en nuestras relaciones laborales y sociales, en nuestra vida privada. Sonríe, es gratis; sonríe, aunque no te apetezca, para que no nos preocupemos por ti, sonríe.

La dictadura de la falsa felicidad que sufrimos no tiene precedentes en la historia de la humanidad. Han borrado la belleza que en extintas civilizaciones se otorgaba a otros sentimientos, como la griega “melankholia”, también humanos y lícitos, que partían del lado negativo de las cosas.

Ambos puntos, positivo y negativo, se necesitan mutuamente en igualdad de condiciones para ser posibles. Si no es así, el desequilibrio emocional está servido y queda abierta la caja de los truenos en nuestro interior, con resultados impredecibles.

Reivindico el derecho a la negatividad, porque el otro, el derecho a la positividad, no necesita de reivindicaciones. Pero cuidado, porque esa falsa alegría que nos permiten, nos muestran y nos exigen no es más que una sombra, una falsa ilusión. No es posible que sea cierta si no alberga detrás una consciencia negativa de ella, al igual que no es posible el día sin la noche. Si pudieran también borrarían la noche, pero no pueden. Las personas somos más manejables que las leyes del universo.